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Doku, el extremo que Guardiola quiere llevar a la cima

En el Etihad, bajo la lluvia fina de una tarde que olía a obligación de campeón, Jeremy Doku volvió a encender al Manchester City. Un 3-0 contundente ante el Brentford, otra actuación desequilibrante del belga y una frase de Pep Guardiola que pesa: puede llegar al nivel de Vinicius Junior y Lamine Yamal.

No lo dijo con prudencia. Lo dijo con convicción.

“Sí, seguro”, respondió el técnico cuando le preguntaron si Doku podía alcanzar esas alturas. Y añadió una idea que repite puertas adentro: aceptar que te exijan, dejarte empujar. “Siempre aceptar ser empujado. Siempre aceptar eso. Y eso es muy bonito. Estamos realmente contentos. Ahora está ganando partidos. Pero siempre ha sido muy, muy bueno”.

Pep bromeó después, fiel a su ironía: cuando un jugador rinde, es gracias al entrenador; cuando falla, es culpa del jugador. Pero el fondo del mensaje iba mucho más allá de la chanza.

El último escalón: la cabeza

Las piernas de Doku nunca estuvieron en discusión. Velocidad, cambio de ritmo, regate corto, potencia. Todo eso lo tuvo desde que aterrizó en Inglaterra. Guardiola, sin embargo, apunta a otro lugar: la mente.

Para el técnico, el salto de “buen extremo” a “uno de los mejores del mundo” no depende ya de lo que haga con el balón, sino de lo que se exija sin él. De la ambición diaria. De salir del refugio cómodo del “ya es suficiente”.

“Depende de tu mentalidad”, explicó Guardiola. “Quiero convertirme en uno de los mejores extremos del mundo. Si no, estás en una zona de confort y dices: ‘No, está bien, está bien’. Siempre he sido, Jeremy, regates y lo que sea. Siempre lo intento. Pero digo, no, quiero convertirme en uno de los mejores entre los mejores. Ahí es cuando alcanzas ese nivel”.

En las últimas semanas, Doku ha sido precisamente eso para el City: la amenaza constante. El hombre que rompe defensas cerradas cuando el partido se atasca, el que obliga a los laterales rivales a retroceder un metro más de lo que quisieran.

Un goleador por instinto

Frente al Brentford, el belga abrió el marcador con un disparo limpio, de esos que parecen sencillos solo porque el ejecutor elige bien en décimas de segundo. No fue un arrebato aislado: venía de marcar ante el Everton y el Southampton. A sus 23 años, atraviesa el tramo más clínico desde que llegó a la Premier League.

Y, sin embargo, él insiste en que no ha cambiado su esencia.

“Soy un jugador de instinto. Hoy está saliendo bien. He marcado algunos goles, siempre he jugado por instinto pero ahora están llegando los goles. No he sido un jugador diferente”, explicó tras el encuentro. Describió su gol como una acción en la que sintió el espacio para tirar y lo hizo sin pensarlo demasiado, casi calcando la jugada de su tanto frente al Everton días antes.

No hay relato épico en su discurso. No habla de reinvención ni de transformación. Solo de instinto afinado y confianza creciente.

Un arma decisiva en una Liga sin margen de error

La victoria ante el Brentford no era un triunfo más. Era imprescindible. Con el Arsenal marcando el paso en la parte alta de la Premier League, el City vive en una cuerda floja competitiva en la que cualquier tropiezo puede costar el título.

Cada partido se ha convertido en una final silenciosa. Y ahí, el desborde de Doku se vuelve oro. Rompe bloques bajos, obliga a las defensas a bascular, abre líneas de pase para los centrocampistas y, cuando le flotan, se anima a decidir él mismo.

Su impacto no se limita al área rival. Guardiola ha subrayado también su trabajo hacia atrás: la voluntad de retroceder, de cerrar su banda, de ayudar a su lateral. Ese compromiso defensivo, sumado a su electricidad con la pelota, le da al técnico una pieza casi imprescindible para este tramo final.

El calendario no concede respiro: visita de Crystal Palace, salida a Bournemouth y un último día de Liga frente al Aston Villa. Tres exámenes distintos, un mismo veredicto posible sobre la temporada.

Guardiola lo tiene claro: “Quedan tres partidos y vamos a por ello. Ha pasado mucho tiempo desde el partido contra el Arsenal. Me encanta jugar en casa, ojalá podamos meter presión al Arsenal. Ganar nuestros partidos y hacer lo que tenemos que hacer”.

La ecuación es sencilla en la teoría: ganar, ganar y volver a ganar. En la práctica, dependerá también de cuánto quiera Doku dejar de ser solo un regateador brillante para convertirse en lo que su entrenador ya ve en él: uno de los extremos que definan una era.