Logotipo completo Cancha Directa

Kai Havertz y el desafío ante Paraguay en el Mundial 2026

La noche de Boston huele a examen grande para Alemania. Octavos de final del Mundial 2026, partido a vida o muerte ante una Paraguay correosa… y al frente del ataque alemán, Kai Havertz, encantado de ocupar el foco en un escenario así.

No es nuevo para él. Siempre se le ha asociado con las grandes citas, con los momentos donde el pulso se acelera. Pero esta vez hay un matiz especial: será su primer partido de eliminatorias en una Copa del Mundo. Lo sabe. Y le gusta.

“Este será mi primer partido de eliminación directa en un Mundial. Me gustan estas grandes ocasiones y me siento cómodo en este contexto”, explicó ante los medios, con la serenidad de quien reclama responsabilidad, no escaparate. Su objetivo es claro: seguir avanzando. “Espero seguir adelante; para eso hay que trabajar duro y creer en uno mismo”.

Alemania llega al cruce con una mezcla de ilusión y ruido de fondo. El golpe llegó en el último partido de la fase de grupos: derrota por 2-1 ante Ecuador, críticas por la falta de ideas frente a un rival replegado y la sensación de que el equipo aún no ha encontrado su techo. El contraste con el debut fue brutal: un 7-1 demoledor ante Curazao, con dos goles de Havertz, que disparó expectativas y alimentó la idea de una maquinaria ofensiva engrasada.

Ese brillo, sin embargo, se ha apagado a ratos. Y el propio delantero no se esconde.

“Hablamos mucho de lo que puede funcionar mejor y de lo que tenemos que mejorar”, admitió. “Los tres de arriba —él, Florian Wirtz y Jamal Musiala— sabemos que todavía no hemos mostrado del todo de lo que somos capaces. Tenemos que asumir esa responsabilidad”.

El tridente llega al duelo con Paraguay con una misión doble: recuperar la fluidez del estreno y demostrar que las dudas del tercer partido fueron un tropiezo, no un síntoma. Havertz apunta a un factor clave: el tiempo. No como excusa, sino como contexto.

“Lleva un poco de tiempo porque todos venimos de nuestros clubes a la selección y hay que acostumbrarse a los compañeros”, explicó. En un Mundial, ese proceso sucede a contrarreloj y bajo lupa. “En un gran torneo, la gente habla, pero no me importa lo que digan. Estamos centrados en nosotros”.

Mientras Alemania buscaba su mejor versión, Paraguay crecía en silencio. El debut fue un aviso de tormenta: 4-1 encajado ante la anfitriona USA, sensación de fragilidad y dudas sobre su capacidad para competir. A partir de ahí, cambio radical. Dos partidos, cero goles en contra, y un billete a octavos como uno de los ocho mejores terceros.

  • Primero, un 1-0 trabajado ante Turquía.
  • Después, un 0-0 ante Australia que valió oro.

Sin alardes, pero con una seña de identidad clara: orden, intensidad, agresividad en los duelos. Justo el tipo de rival que suele atragantarse a un equipo obligado a llevar la iniciativa.

Alemania lo sabe. Y no espera una noche cómoda en Boston. El reto será abrir una defensa que se ha cerrado con candado en los dos últimos encuentros. Habrá que mover rápido el balón, ganar entre líneas, ser precisos en los metros finales. Habrá que tener paciencia… sin perder filo.

Havertz, lejos de inquietarse, parece alimentarse de ese desafío.

“Ellos tienen calidad; la agresividad y la intensidad son lo que les define”, analizó. “Necesitamos una buena actuación, y estaremos mejor mañana”.

La frase suena a promesa y a advertencia. A un mensaje interno tanto como externo: Alemania no se conforma con estar de vuelta en las eliminatorias. Persigue algo mucho más grande. El equipo busca su primer pase a cuartos desde 2014, año en que acabó levantando el trofeo. El eco de aquel Mundial planea sobre cada partido.

En el centro de esa ambición aparece de nuevo Havertz, que reivindica su gusto por la presión, por las luces largas del torneo más grande del planeta.

“Me gustan los grandes partidos, los partidos en el escenario más grande. Estamos plenamente convencidos de que podemos ganar”, sentenció.

Boston dictará sentencia. O Alemania se reencuentra con la versión que asombró en el debut, o Paraguay convertirá su fe defensiva en una sorpresa de las que marcan un Mundial. Havertz ya ha elegido su papel: no quiere ser testigo, quiere ser protagonista.