Martin Odegaard recupera la confianza y se prepara para el Mundial
Martin Odegaard necesitaba un gol así. No solo por el marcador, sino por todo lo que arrastraba. El capitán de Arsenal firmó el empate de Noruega en el 1-1 ante Marruecos, en Estados Unidos, en el último amistoso antes del Mundial, y lo celebró como algo más que un simple tanto de preparación: como una señal de que su rodilla, por fin, empieza a soltarle la mano.
El mediapunta de 27 años ha jugado los últimos tres meses con dolor, desde aquel 1-1 de Arsenal en el campo de Brentford en febrero. Siguió compitiendo, apretó los dientes en la recta final de la temporada y fue titular incluso en la derrota en la final de la Champions League frente a PSG en Budapest. Pero el precio fue alto: molestias constantes, carga física y la duda silenciosa de si llegaría en condiciones al gran torneo con su selección.
En el calor sofocante estadounidense, Odegaard encontró algo de alivio. Y también la red. Ante los semifinalistas del Mundial 2022, el capitán noruego marcó y después lo explicó a TV2 con una sinceridad que sonó a desahogo: se ha pasado “un tiempo” peleado con su rodilla, pero siente que el dolor empieza a remitir, que su cuerpo vuelve a responderle. Se nota en cómo se mueve, en cómo pide la pelota, en cómo se ofrece entre líneas incluso cuando el ritmo aprieta.
El partido le sirvió también para medir un detalle nada menor: las condiciones de los campos en Estados Unidos. El propio Odegaard reconoció que el bote del balón le jugó una mala pasada en una acción que acabó mal para él. Lo llamó “feo”. Lo arregló después con el gol. Y dejó claro que tendrá que acostumbrarse rápido a esa superficie, a ese bote extraño que puede convertir un control rutinario en un problema. Aun así, su lectura fue optimista: Noruega se fue asentando, ganó metros y terminó con la sensación de que podía haberse llevado el triunfo.
Entre la preocupación por la rodilla y la adaptación al entorno, el gol llegó en el momento justo. No solo le sirve para la confianza, también para su pequeña carrera privada con el seleccionador. Tras batir a Marruecos, Odegaard corrió a la banda y levantó cuatro dedos hacia Stale Solbakken. No era un gesto al azar. El técnico marcó nueve tantos con Noruega en su etapa como jugador. El capitán ya suma cinco. La cuenta atrás está en marcha.
“Ahora solo quedan cuatro. ¡Nos vamos acercando!”, bromeó después el jugador de Arsenal, consciente de que Solbakken le exige más presencia en el área y más números en la hoja de estadísticas. La respuesta fue inmediata: gol y mensaje.
Noruega llega al Mundial con algo que no tenía desde 1998: una ilusión real de competir. No parte como favorita, pero tanto ella como Marruecos aparecen en muchas quinielas como posibles tapadas del torneo. El sorteo no le ha regalado nada: Irak, Senegal y Francia en el Grupo I. Un camino duro, plagado de estilos distintos y de duelos físicos de alto voltaje.
En ese contexto, Odegaard se presenta como el faro. Llega al estreno ante Irak con cinco goles internacionales y, sobre todo, con la sensación de estar recuperando el 100 % de su condición física. Lo dijo sin rodeos: su forma es buena, el calor le exigió, pero se notó mejor conforme avanzaban los minutos. Justo lo que Noruega necesitaba escuchar a una semana de su regreso al gran escenario mundialista.
La rodilla deja de ser tema. El grupo, el calor, el bote de los campos, los rivales… todo eso pasa ahora al primer plano. Odegaard ya ha enviado su primer aviso del verano. La cuestión es cuántos más llegarán cuando el balón empiece a rodar de verdad.





