Las Matildas caen ante México en un final dramático
En Newcastle, ante un McDonald Jones Stadium lleno y entregado, Australia volvió a descubrir la cara más cruel del fútbol: dominar, insistir, acumular ocasiones… y perder en el último suspiro. México aguantó, esperó su momento y, cuando el reloj ya se asomaba al tiempo añadido, clavó el puñal definitivo.
Diana Ordóñez, casi sin marca en el segundo palo, empujó el 0-1 en el 90+2 tras una transición perfecta conducida por Alice Soto. Un pase filtrado, una descolocación en la zaga local y un toque frío ante Mackenzie Arnold. Silencio en las gradas, fiesta en el banquillo visitante. Era el segundo triunfo de El Tri Femenil en 12 duelos ante Australia, quizá el más simbólico.
Dominio sin filo
El plan de Joe Montemurro se vio claro desde el primer minuto. Posesión, amplitud, mucha carga por la izquierda con Sam Kerr, Caitlin Foord y Mary Fowler conectando una y otra vez. Durante el primer cuarto de hora, México apenas salió de su campo. El problema fue el de siempre: todo ese mando no se tradujo en golpes reales.
Foord avisó temprano con una internada hacia dentro. Kerr tuvo una buena opción tras un pase delicioso de Fowler. Amy Sayer llegó a estrellar un balón en el poste al culminar un contraataque de libro, con Kerr girando y sirviendo atrás. Eran señales prometedoras, pero también el preludio de lo que vendría: muchas aproximaciones, poca puntería y decisiones finales imprecisas.
México, superado al inicio, empezó a encontrar aire en cuanto Australia perdió finura en el pase. Montserrat Saldívar se plantó varias veces en el uno contra uno, primero ante Ellie Carpenter en el duelo más vibrante de la banda, luego atacando espacios a la espalda. Un disparo cruzado de la joven atacante y un remate de Rebecca Bernal desde dentro del área encendieron las alarmas en la defensa local.
Aun así, al descanso el marcador seguía 0-0. Las Matildas habían tenido más balón, más presencia en campo rival y más disparos, pero Esthefanny Barreras apenas había tenido que intervenir en serio. Faltaba algo. O mejor dicho, faltaba casi todo en el último toque.
Un segundo tiempo partido en dos
El inicio de la segunda parte fue un calco del primero: Australia adelantó líneas, encerró a México y se instaló cerca del área rival. Van Egmond empezó a encontrar mejor a Foord y Fowler entre líneas, Carpenter se soltó por la derecha en el día de su partido 100 con la selección y Alanna Kennedy se animó a pisar zona de remate desde la segunda línea.
En ese tramo llegaron las oportunidades más claras de las locales. Una combinación por dentro dejó a Fowler rompiendo la última línea, aunque un control largo la obligó a escorarse. Van Egmond probó desde la frontal sin precisión. Foord, cada vez más desesperada, tiró de recursos: regates, recortes, un taconazo en la frontal que se quedó en nada porque nadie leyó la jugada.
Mientras tanto, México enviaba un aviso brutal: un error de Carpenter en la salida de balón dejó a Saldívar sola ante Arnold, pero la joven atacante cruzó demasiado y mandó la pelota alta. Fue, probablemente, el fallo más grosero de la noche. Y también una advertencia de lo que estaba por venir.
Montemurro movió el banquillo en busca de energía y sorpresa. Entró Hayley Raso para agitar el frente de ataque, Charlize Rule para dar aire por banda, Alex Chidiac para ofrecer otro pie creativo en el medio. La respuesta fue una fase de asedio: centros laterales, segundas jugadas, disparos bloqueados. El público empujaba, las Matildas apretaban, México resistía.
En el otro banquillo, Pedro López respondió con cambios escalonados para refrescar las piernas de su bloque defensivo y, sobre todo, para amenazar aún más al espacio. La entrada de Charlyn Corral aportó oficio y pausa en cada transición. El Tri Femenil se sentía cómodo: bloque bajo, líneas juntas, y cada robo se convertía en una carrera hacia el arco de Arnold.
El golpe de gracia
A diez minutos del final, el partido cambió de guion. Hasta entonces, Australia parecía más cerca del 1-0 que de cualquier otra cosa. Pero el desgaste empezó a pasar factura. Foord lo reconocería después: cuando el equipo se cansó, se abrieron demasiados huecos.
Los últimos minutos fueron un intercambio de golpes sin red. Kerr encontró un carril central en el 89, pero la cerraron antes de que pudiera armar el disparo. En la jugada siguiente, Arnold salvó a las suyas desviando un centro tenso con Corral lista para empujar. Rule, en un despeje forzado, casi se marca en propia puerta: su toque salió rozando el larguero.
El reloj marcaba 90 y el cuarto árbitro levantaba el tablero: tres minutos más. Australia, aún volcada, buscaba ese último centro, ese rebote, esa chispa que nunca llegó. Y justo entonces, México olió sangre.
Recuperación en campo propio, salida limpia, varias camisetas verdes corriendo hacia adelante. La defensa australiana, desorganizada y partida en dos, reculó sin coordinación. Alice Soto encontró el pase vertical que llevaba todo el partido persiguiendo: un envío preciso hacia la derecha, donde Ordóñez apareció sola. Control, mirada rápida y definición cruzada ante la estirada inútil de Arnold. 0-1. Estadio helado.
No fue un accidente. Llevaba rato anunciándose. Cada pérdida en el medio, cada transición mal defendida, cada desajuste en la presión se acumuló hasta desembocar en ese gol.
Autocrítica y aviso de cara a 2027
Montemurro no maquilló nada tras el pitido final. Admitió la falta de contundencia en el área rival y subrayó que estos partidos se eligieron precisamente para exponerse a un rival agresivo, con marcajes individuales y una presión incómoda. El mensaje fue claro: hay que aprender a castigar cuando se domina y a no conceder tanto espacio cuando las piernas pesan.
Foord, por su parte, apuntó a los dos extremos del campo: más solidez atrás cuando el equipo se parte y más calidad en la última decisión, ya sea en el disparo o en el pase definitivo. También dejó caer una consigna que le repitieron desde el banquillo: encarar, provocar, buscar el penalti. No salió en Newcastle. Queda Sydney.
Porque esto no se detiene aquí. El martes, en CommBank Stadium, Australia tendrá la revancha inmediata ante el mismo rival. Otro examen, otra oportunidad para ajustar un plan que mira mucho más allá de este amistoso y que apunta directamente al Mundial de 2027 en Brasil.
La pregunta ya no es si las Matildas pueden dominar a rivales como México. Eso quedó demostrado. La cuestión, mucho más incómoda, es si serán capaces de transformar ese dominio en victorias cuando el próximo torneo ya no admita este tipo de lecciones.






