Logotipo completo Cancha Directa

El penalti que cambió el destino en Fir Park

El penalti número 100 que no olvidará nadie en Fir Park. Kelechi Iheanacho, en el minuto 100, desde los once metros y rodeado de polémica, sostuvo el pulso del título para un Celtic que parecía condenado a entregar la corona. El 3-2 en casa de Motherwell no solo resucitó a los campeones: empujó la Scottish Premiership a un último capítulo de infarto.

Un título arrancado en la última jugada

En Tynecastle, Hearts ya saboreaban la gloria. Habían cumplido con su parte con un sólido 3-0 ante Falkirk y se preparaban para celebrar un primer título liguero en 66 años, pendientes de lo que ocurriera en Fir Park. Durante muchos minutos, el sueño fue real.

Porque Celtic sufrió. Y mucho. Con apenas media hora disputada, el vigente campeón perdía 1-0 tras un voleo de Elliot Watt que se desvió lo justo para engañar a Viljami Sinisalo. Al mismo tiempo, las noticias desde Edimburgo eran demoledoras: los Jambos se ponían 2-0 arriba. El escenario perfecto para un vuelco histórico.

Pero este Celtic se niega a morir.

Daizen Maeda, aún con la pólvora caliente tras su doblete ante Rangers, apareció justo antes del descanso. Un desmarque, un control limpio y una definición precisa devolvieron el pulso al partido y, de rebote, al campeonato. Ese gol, psicológico y quirúrgico, sostuvo al equipo de Martin O’Neill cuando el título se le escurría entre los dedos.

La remontada se completó pasada la hora de juego. Benjamin Nygren, desde la frontal, conectó un disparo magnífico desde unos 20 metros que se coló con violencia. De 0-1 a 2-1. Fir Park se inclinaba hacia el lado verde y blanco, mientras en Tynecastle el ambiente cambiaba de euforia contenida a inquietud.

Un arbitraje bajo la lupa

El choque, sin embargo, no se escribió solo en las áreas. Se escribió también en el silbato de John Beaton y en las pantallas del VAR.

Celtic reclamó un penalti antes del tanto de Nygren, cuando el portero local Calum Ward salió a despejar un balón largo y chocó por detrás con Maeda dentro del área. Arne Engels recogió el rechace y lo elevó por encima de ambos, con la pelota estrellándose en el larguero. Nada. Beaton dejó seguir.

Poco después, Motherwell pidió su propia pena máxima. Callum Slattery se resbaló en el área y, en la caída, hubo contacto con Callum McGregor. Tampoco hubo señalización. Dos jugadas grises en un partido que, sin saberlo entonces, iba a decidir medio campeonato.

Y cuando Motherwell se lanzó con todo a por el empate, el guion se descontroló.

Tom Sparrow vio cómo su disparo se desviaba y golpeaba el travesaño. Sinisalo tuvo que sacar una mano providencial para frenar a Elijah Just. La presión local acabó encontrando premio: Tawanda Maswanhise disparó, su primer intento fue bloqueado, el segundo lo rechazó el portero y el balón cayó a los pies del recién ingresado Liam Gordon, que solo tuvo que empujar el 2-2.

Fir Park estalló. En ese momento, con Rangers y Hibernian empatando 1-1, la grada de Motherwell ya cantaba sobre un posible viaje europeo. Hearts, desde la distancia, volvía a respirar.

La jugada que lo cambia todo

Un saque de banda largo, casi como un córner con las manos, cayó en el corazón del área. Sam Nicholson saltó con Auston Trusty. El codo del jugador de Motherwell estaba levantado, su brazo terminó aún más alto al chocar con el hombro del defensor de Celtic. El balón salió despedido hacia fuera.

El VAR llamó a Beaton. El árbitro acudió al monitor. Silencio, tensión, segundos eternos. Y decisión: penalti por mano de Nicholson.

Ahí empezó el incendio.

Desde la cabina de comentaristas, el exdelantero de Celtic Chris Sutton lo vio claro: si el balón impacta en una mano que está arriba, es sancionable. En el estudio, el debate ardía en sentido contrario. Kris Boyd, exdelantero de Rangers, cuestionó que el esférico hubiera tocado la mano: a su juicio, por la potencia y la trayectoria, solo podía haber salido de la cabeza. John Robertson, leyenda de Hearts como jugador y técnico, admitió la duda: para él parecía más un remate de cabeza, aunque reconoció que, si hay contacto con la mano, la infracción es evidente. Paul Hartley, excentrocampista de Hearts, fue más tajante: vio un despeje de cabeza, un simple saque de banda posterior y consideró que Celtic había tenido fortuna.

Martin O’Neill no compartía esas dudas. El técnico de Celtic defendió la decisión como “bastante clara”, hablando de mano y de uso del codo en la acción. Y, sobre todo, se deshizo en elogios hacia Iheanacho, al que definió como un futbolista que ha decidido partidos a base de apariciones breves pero decisivas.

Del otro lado, Jens Berthel Askou estaba indignado. El entrenador de Motherwell habló de “shock total”, calificó la decisión de “vergonzosa” para el juego y aseguró que, revisando las imágenes, no encontraba “ningún párrafo en el reglamento” que justificara el penalti. Incluso concediendo la hipótesis de un roce mínimo con la mano, insistió en que ese contacto vendría provocado por el empujón en el salto, lo que, en su opinión, invalidaría la sanción.

El contraste no pudo ser mayor: éxtasis en un fondo, incredulidad en el otro.

El temple de Iheanacho y un campeonato al rojo vivo

En medio del caos, Iheanacho se aisló. Tomó la pelota, respiró y engañó por completo a Ward. Un disparo frío, clínico, que desató la invasión de campo de los aficionados desplazados de Celtic. Los jugadores se fundieron con su gente sobre el césped, conscientes de lo que acababan de conseguir: llegar a la última jornada con el título en su mano.

La tabla queda ahora al rojo vivo. Solo un punto separa a Celtic y Hearts. El plan ha cambiado por completo. Si Celtic hubiera empatado en Motherwell, el vigente campeón habría necesitado ganar a Hearts por tres goles de diferencia en Celtic Park para remontar la desventaja en la diferencia de tantos. Con el triunfo agónico en Fir Park, el escenario es otro: a Celtic le basta con ganar en casa. Hearts, que durante buena parte de la temporada ha mandado en la clasificación, está obligado al menos a empatar en el estadio del campeón para destronarlo.

La presión psicológica también se ha dado la vuelta. Hearts tuvo el trofeo en la mano, virtualmente asegurado durante largos tramos de la tarde. Ahora deberá ir al fortín del campeón sabiendo que cualquier error puede costarle 66 años de espera.

Europa también tiembla

El penalti de Iheanacho no solo alteró la carrera por el título. Movió, y mucho, la pelea por Europa.

Motherwell, que con el 2-2 y los resultados que llegaban de otros campos ya se veía de nuevo en Europa, se marcha a la última jornada con deberes. Visitará a Hibernian con apenas un punto de ventaja en la lucha por la cuarta plaza, que da acceso a la Conference League. La euforia por el empate se convirtió en rabia por una decisión arbitral que, en su opinión, les roba más que dos puntos: les complica toda una temporada.

En el otro extremo del país, en Edimburgo y Glasgow, nadie piensa ya en otra cosa que no sea el sábado. Celtic contra Hearts, campeón contra aspirante, un punto de diferencia y noventa minutos para decidir una liga que se ha negado a encontrar dueño hasta el último suspiro.

El penalti de Fir Park ya forma parte de la historia. La pregunta es: ¿será recordado como el giro que sostuvo una dinastía o como la herida que marcará un título perdido? El desenlace, en Celtic Park.