Tottenham desperdicia una oportunidad clave ante Leeds
Tottenham Hotspur tuvo la salvación en la mano. La acarició, la vio de frente… y la dejó escapar. Un penalti de Dominic Calvert-Lewin condenó a los de Roberto De Zerbi a un 1-1 amargo ante Leeds United en el norte de Londres, en una noche que podía haber cambiado el tono de toda la temporada.
Un triunfo en casa, el primero en liga desde diciembre, habría dejado a los Spurs cuatro puntos por encima del 18º, West Ham United, con solo dos jornadas por disputarse. Era la oportunidad perfecta para poner tierra de por medio tras un curso caótico. Y durante buena parte del segundo tiempo, pareció que el guion por fin se inclinaba a su favor.
Tel enciende el estadio… y luego lo apaga
El choque se jugó entre nervios. Se notaba en cada pase, en cada control. En los primeros minutos, Mathys Tel ya dejó claro que la tensión le pesaba: un despeje ciego suyo, cruzado sobre su propia área, obligó a Kevin Danso a una intervención desesperada. Poco después, Antonin Kinsky tuvo que sacar una mano milagrosa sobre la línea para negar el gol de cabeza al ex Spur Joe Rodon. El murmullo en las gradas sonaba a miedo.
Tottenham respondió como pudo. Richarlison desperdició una buena ocasión con un disparo mordido directo a las manos de Karl Darlow, y Palhinha mandó alto un remate con todo a favor. Nada fluía. Nada se parecía a un equipo que se juega la vida.
Justo antes del descanso, el corazón se detuvo. Destiny Udogie derribó a Calvert-Lewin dentro del área y todo apuntaba a penalti. El alivio llegó desde la sala VAR: fuera de juego muy justo del delantero y la jugada quedó anulada. Un respiro. No una cura.
Tel, entrevistado por Sky Sports antes de la segunda parte, se mostró convencido de que Tottenham “lo haría”. Cinco minutos después de la reanudación, su confianza encontró respaldo en el césped.
Controló un balón alto con una delicadeza impropia de la tensión del momento, se perfiló y soltó un derechazo enroscado que voló hacia la escuadra. Darlow se estiró, pero solo para la foto. El balón besó la red y el estadio estalló. El gol liberó a los jugadores, al banquillo, a la grada. Por fin algo salía bien en casa.
Ese tanto debía ser el punto de inflexión. El inicio de la escapada definitiva. Pero la noche aún guardaba una vuelta cruel para el joven francés.
Con veinte minutos por jugar, Tel intentó una acrobática chilena defensiva dentro del área. Quiso despejar, acabó golpeando la cabeza de Ethan Ampadu. Jarred Gillett dejó seguir en primera instancia, pero el VAR le llamó a la pantalla. Penalti. Los lamentos desde la grada acompañaron la decisión.
Calvert-Lewin no dudó. Carrera corta, disparo seco, fuerte, imparable para Kinsky. 1-1 en el 74. Y de repente, el que se jugaba la vida parecía Tottenham, no Leeds.
De Zerbi, entre la reacción y la amenaza del abismo
El empate cambió el aire del partido. Los Spurs, que venían de dos victorias seguidas a domicilio bajo la batuta de De Zerbi tras una racha nefasta de 15 jornadas sin ganar en liga, se encogieron. Las piernas pesaron, las ideas se nublaron. Leeds olió la fragilidad.
El técnico italiano, que ha sumado ocho puntos en sus primeros cinco encuentros al mando, ha reactivado al equipo fuera de casa, pero el problema en su propio estadio sigue intacto. Solo dos victorias en 17 partidos de Premier League como local marcan una sentencia: Tottenham no se siente seguro en su casa.
El contexto invitaba a dar un paso al frente. El tropiezo de West Ham el domingo, derrotado 1-0 por Arsenal, abría un hueco perfecto para que los Spurs se dieran un pequeño colchón antes de visitar a su bestia negra y gran rival, Chelsea, el 19 de mayo. Dos días antes, West Ham viajará a Newcastle United. El calendario ofrecía margen. El equipo, no.
“Cometimos demasiados errores. Creo que merecimos ganar de todos modos, pero quizá la presión, el partido crucial, el momento crucial de la temporada, lo sufrimos demasiado. Será duro hasta el final, hasta el último partido”, admitió De Zerbi tras el encuentro. La sinceridad del técnico refleja el clima: Tottenham vive al borde.
Kinsky evita la tragedia y la polémica cierra la noche
En el tramo final, el miedo se transformó en puro pánico. Leeds, ya con el empate en el bolsillo, se lanzó a por algo más. En el tiempo añadido, Sean Longstaff rozó el golpe definitivo: su disparo parecía destinado a la red, pero Kinsky se estiró a mano cambiada y desvió el balón al larguero, que escupió la pelota hacia afuera. Una parada de reflejos, de instinto, de temporada.
Ese gesto del guardameta puede terminar valiendo tanto como un gol en la lucha por la permanencia.
Tottenham, herido pero aún en pie, buscó un último giro de guion en los 13 minutos de descuento. La entrada de James Maddison, en su primera aparición del curso, añadió algo de chispa y personalidad entre líneas. Y en una de sus irrupciones, llegó la jugada que encendió la polémica: caída en el área tras un contacto con Lukas Nmecha, brazos alzados, protestas encendidas. Gillett no vio nada punible. El VAR tampoco.
El rugido de desaprobación desde las gradas fue inmediato. No hubo marcha atrás. No hubo héroe de última hora.
El 1-1 deja a Tottenham en la 17ª plaza con 38 puntos tras 36 jornadas, solo dos por encima de West Ham. La visita a Stamford Bridge se asoma como un examen psicológico tanto como futbolístico. Y, si todo se decide en la última fecha, el destino del club puede jugarse en el norte de Londres ante Everton.
De Zerbi ya lo sabe: la salvación no llegará por inercia. Llegará, si llega, sufriendo hasta el último minuto de la última jornada. Y noches como esta, en las que el miedo se impone a la oportunidad, pueden marcar la diferencia entre seguir en la élite… o revivir fantasmas que en Tottenham creían enterrados desde 1977.






