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Mbappé guía a Francia a cuartos tras batalla en Filadelfia

En Filadelfia no se jugó solo un partido. Se libró una batalla en 39 grados, con el aire espeso, el césped hirviendo y una Francia obligada a mancharse las manos para no seguir el camino de Alemania y rozar el susto que vivió Argentina. En medio de ese calor sofocante, Kylian Mbappé volvió a aparecer donde se deciden los torneos: en el punto de penalti, minuto 70, 1-0 ante Paraguay y billete para unos cuartos de final del Mundial contra Marruecos.

No fue una noche de brillo. Fue una noche de cicatrices.

Francia baja al barro

La selección de Didier Deschamps sabía lo que le esperaba. Aurelien Tchouameni se cayó a última hora por lesión muscular y Manu Koné entró en el once junto a Adrien Rabiot para sostener un centro del campo pensado para el choque, no para el escaparate. Al otro lado, Paraguay se encerró en un 5-4-1 sin complejos, dispuesto a repetir el guion que hace un día dejó fuera a Alemania y que casi tumba a Argentina.

El mensaje paraguayo fue claro desde el primer minuto: aquí se viene a sufrir. Línea de cinco, ayudas constantes, contactos al límite y cada balón dividido convertido en una pequeña guerra. Francia monopolizó la posesión, pero se estrelló una y otra vez contra un muro que no se inmutaba.

Rabiot, Koné y Ousmane Dembélé probaron desde media distancia, sin puntería ni claridad. No hubo un solo disparo a puerta en toda la primera parte. Julio Enciso fue el único respiro ofensivo de Paraguay, un par de conducciones que recordaron que, si Francia se despistaba, podía pagarlo muy caro.

Para los vigentes campeones del mundo, el duelo se convirtió en un examen de paciencia. El calor quemaba, el reloj corría y el partido se ensuciaba justo donde quería Paraguay.

El penalti que cambió la noche

Tras el descanso, Francia apretó los dientes. El ritmo subió medio punto, el toque se hizo más vertical y el área de Orlando Gill empezó a parecer un embudo. Deschamps movió el banquillo: Bradley Barcola dejó su sitio a Désiré Doué, una apuesta de frescura para atacar por dentro y entre líneas.

La jugada clave llegó cuando el joven Doué se coló en el área y Diego Gómez le trabó. El contacto fue claro, pero hubo que esperar. Ilgiz Tantashev, el colegiado, acudió al VAR, revisó la acción y señaló el punto fatídico. Paraguay protestó, Francia respiró.

Mbappé agarró el balón como quien sabe que esos segundos definen carreras y Mundiales. Mirada fija, carrera corta y definición fría: engañó a Gill y firmó el 1-0. Su séptimo gol en este torneo, el número 19 en 19 partidos de Copa del Mundo. Números de depredador que le colocan a la altura de Lionel Messi en esta edición y a solo uno del argentino en la lista histórica.

El gol no embelleció el partido, pero sí lo encarriló. Francia por fin encontraba la rendija que Paraguay llevaba más de una hora negándole.

Sufrimiento hasta el último suspiro

Lejos de rendirse, Paraguay se aferró al plan original: frenar, cortar, provocar, vivir al límite de la falta en cada balón parado. El encuentro se tensó todavía más en los últimos minutos, cuando por primera vez apareció Mike Maignan.

Minuto 90. Centro, remate y el guardameta francés, hasta entonces espectador, se estiró para firmar su primera parada del choque. Fue un aviso tardío, pero suficiente para helar a Francia durante un instante. Paraguay olió la duda y trató de convertir el descuento en un pequeño caos, buscando cualquier falta cerca del área para colgar balones.

Al otro lado, Mbappé seguía siendo la vía de escape. En el añadido, el capitán francés tuvo dos ocasiones claras para sentenciar, pero se topó dos veces seguidas con Gill, que sostuvo a los suyos hasta el pitido final.

No hubo goleada, ni exhibición, ni postal para el recuerdo. Hubo un equipo grande aceptando que algunos días toca ganar “feo”, como dijo el propio Mbappé. Sin esmóquin, sin fuegos artificiales, pero con un oficio que también construye campeones.

Paraguay, fiel a su minimalismo competitivo, se quedó otra vez sin premio, igual que en aquel duelo de 1998 resuelto por el gol de oro de Laurent Blanc. Francia, en cambio, sale del horno de Filadelfia golpeada, sudada, pero viva.

Le espera Marruecos, como hace cuatro años en semifinales. Entonces, Francia dio un paso hacia el título. Esta vez, con un Mbappé desatado en cifras y un equipo que ya ha demostrado que sabe mancharse las manos, la pregunta es otra: ¿quién se atreve ahora a sacarlos del camino?