Neymar cierra su historia con Brasil: lágrimas y récords
Neymar decidió poner punto final a su historia con la selección de Brasil. No fue con una vuelta olímpica ni con una noche de fiesta, sino con un 2-1 en contra ante Noruega en los octavos de final y una frase seca, cargada de emoción, ante las cámaras de TV Globo:
«Lo intenté, lo intenté. Ahora se acabó. Empecé aquí, terminé aquí».
El delantero de 34 años apenas pudo contener las lágrimas al término del partido en el MetLife Stadium. Había marcado el único gol de Brasil, de penalti, en el tiempo de descuento. Un último gesto de rebeldía en un equipo que se despedía del Mundial 2026 demasiado pronto. Un último grito de orgullo antes de bajar el telón.
Del primer gol al último, en el mismo césped
El círculo se cerró en el mismo lugar donde se abrió. El 10 de abril de 2010, también en el MetLife Stadium, Neymar se estrenó con la camiseta de la selección absoluta en un amistoso ante Estados Unidos. Aquella noche, aún adolescente, marcó en su debut y encendió una ilusión que lo acompañaría durante más de una década.
Catorce años después, otro gol, en el mismo estadio, puede haber sido el último con Brasil. Entre uno y otro, una carrera de selección que lo deja en lo más alto de la tabla de artilleros históricos del país: 80 goles. Nadie marcó más. Ni siquiera Pelé, que se quedó en 77.
El astro del Santos, del Barcelona y del Paris Saint-Germain había sido durante décadas la referencia absoluta de la canarinha en los Mundiales, el único brasileño en disputar cuatro Copas del Mundo. Neymar lo igualó este domingo, alcanzando también su cuarta participación mundialista, pero sin poder empujar a Brasil más allá de los octavos.
Récords y cicatrices
Las cifras hablan por sí solas. Solo Cafu jugó más partidos con Brasil: 142. Neymar se marcha, al menos según sus propias palabras, con 130 apariciones, segundo en la lista histórica. Detrás de esos números hay finales, frustraciones, goles decisivos y, sobre todo, un cuerpo castigado.
Su último gol antes de este Mundial databa de 2023, también en partido con la selección. Ese mismo año sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior, una lesión que cambió su calendario, su físico y, en buena medida, su relación con la camiseta amarilla. En 2026 volvió a encontrarse con otro obstáculo: una lesión en la pantorrilla derecha lo dejó fuera de los dos primeros partidos de la fase de grupos.
Regresó a cuentagotas. Jugó apenas 15 minutos ante Escocia el 24 de junio, entrando desde el banquillo. Contra Noruega, en el duelo que acabaría marcando su adiós, volvió a saltar al campo como suplente, esta vez en el minuto 67. No le alcanzó para rescatar a Brasil, sí para dejar su último sello en el marcador.
Un adiós que pesa
La escena final fue cruda. Neymar, solo unos instantes después de marcar, vio cómo el sueño mundialista se deshacía. Sonó el pitido final, los noruegos celebraron, los brasileños se quedaron clavados. Y el 10, con la mirada perdida, se acercó a los micrófonos.
No hubo rodeos. No hubo discurso largo. Solo la confesión de un futbolista que lo había dado todo por esa camiseta y que, entre lágrimas, asumía que el ciclo había terminado.
«Empecé aquí, terminé aquí».
Brasil pierde a su máximo goleador histórico y a uno de los símbolos más potentes de su fútbol moderno. Neymar se va con récords, con polémicas, con lesiones, con momentos de genio absoluto y con la sensación permanente de que siempre se le exigió un Mundial más, un título más, una jugada más.
Ahora la pregunta ya no es qué más podía darle Neymar a la selección, sino quién se atreverá a cargar con el peso del 10 en la próxima era de Brasil.





