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Rangers asegura el futuro de Bailey Rice: un reto para McInnes

Rangers ha ganado una batalla que muchos en el club temían perder. Según la información publicada por el Daily Record, Bailey Rice está listo para rechazar el interés de media Europa y comprometer su futuro con Ibrox más allá de este verano.

No es un detalle menor. El centrocampista, de 19 años, terminaba contrato y tenía propuestas serias desde Inglaterra, con Leeds United, Aston Villa, Nottingham Forest y West Ham United atentos a su situación. También Ajax y Schalke 04 seguían muy de cerca sus pasos. Un escaparate poderoso para cualquier joven.

Rice, sin embargo, ha elegido quedarse. Y en esa decisión hay un nombre propio: Danny Rohl.

El último servicio de Danny Rohl

Rohl se marcha sin títulos, pero no se va de vacío. Su gran victoria final no se mide en trofeos, sino en futuro: convencer a Rice para firmar un nuevo acuerdo con Rangers antes de hacer las maletas rumbo a RB Salzburg.

El técnico alemán apostó por el mediocentro cuando todavía era un proyecto de futbolista en el primer equipo. Le ofreció un contexto, minutos, responsabilidad. Le dio algo que muchos jóvenes valoran más que cualquier promesa: confianza real.

Ahora el relevo en el banquillo lo toma Derek McInnes, recién llegado tras rozar una gesta histórica con Hearts en la lucha por la liga. Y Rice pasa de ser una promesa bien encaminada a convertirse en un activo estratégico que McInnes tendrá que encajar en su pizarra desde el primer día.

El mensaje es claro: el club cree en él. Ahora le toca al jugador demostrar que puede mandar en el centro del campo de Rangers.

De Motherwell a Ibrox: ascenso, irrupción y golpe

La historia de Rice en el fútbol escocés empezó lejos de Ibrox. Formado en la academia de Motherwell, el mediocentro destacó pronto por su madurez con y sin balón. Tanto, que los Steelmen le pusieron sobre la mesa un contrato profesional. Lo rechazó.

Su apuesta fue Rangers. Hace cuatro años dio el salto a Glasgow, buscando un escenario más grande y un techo competitivo más alto. Al principio, su presencia en el primer equipo fue esporádica, apariciones contadas, minutos dosificados.

Todo cambió en el tramo final de la temporada 2024-25. Con Barry Ferguson como técnico interino, Rice dejó de ser un recurso puntual y pasó a convertirse en una pieza recurrente. Ferguson le abrió la puerta de la élite de verdad: partidos de peso, contextos exigentes, rivales de nivel europeo.

En enero de 2025, en Old Trafford, se vio una postal de lo que podía llegar a ser. En un duelo de UEFA Europa League ante Manchester United, Rice se midió en el centro del campo con Kobbie Mainoo. Una imagen potente: dos jóvenes mediocentros, dos clubes gigantes, un escenario icónico. Y Rice compitiendo, no sólo participando.

Parecía el preludio de su gran temporada. El año de su consolidación. Entonces llegó la pesadilla.

Una grave lesión de rodilla lo apartó de los terrenos de juego durante toda la campaña 2025-26. Un corte brutal en su progresión. Mientras él trabajaba en la sombra para volver, en las oficinas de Ibrox crecía la inquietud: contrato a punto de expirar, pretendientes al acecho y un talento formado en casa en riesgo de escaparse gratis.

Rangers sudó durante meses. Ahora sabe que ese esfuerzo ha merecido la pena. Rice se queda. Y vuelve con la expectativa de ser importante bajo el mando de McInnes.

Un mediocentro para hoy… aunque salga cedido mañana

Sobre el papel, el centro del campo de Rangers no parece precisamente un solar. En la etapa de Rohl, el doble pivote formado por Nicolas Raskin y Tochi Chukwuani se consolidó como la base del 4-2-3-1 del alemán. Un dúo equilibrado, dinámico, difícil de desplazar.

McInnes, sin embargo, ve el juego de otra manera. Su libreto se acerca más a un 4-4-2 clásico: estructura rígida, líneas juntas, mucha disciplina sin balón y una exigencia física alta en la zona central. En ese contexto, el mediocentro no sólo debe saber jugar; debe sostener, correr, repetir esfuerzos y dar tono competitivo al equipo.

Ahí entra Rice. También nombres como Mohamed Diomande y Connor Barron, que amplían el abanico de opciones en la medular. Pero la foto puede cambiar pronto.

Raskin ha despertado el interés de Atalanta, un gigante de la Serie A con fama de fichar y potenciar centrocampistas. Si el belga acaba saliendo este verano, la sala de máquinas de Rangers podría pasar de estar bien cubierta a rozar el problema en cuestión de semanas.

Ese escenario convierte el nuevo contrato de Rice en algo más que una buena noticia sentimental. Es una decisión estratégica. Incluso si el club opta por cederlo para que recupere ritmo competitivo tras la lesión, su futuro inmediato sigue ligado a Ibrox. No es un activo para vender al mejor postor: es un proyecto de mediocentro titular a medio plazo.

Rice tiene lo que busca cualquier técnico en un joven centrocampista: formación académica sólida, experiencia temprana en el primer equipo, roce europeo y un carácter que ya le llevó a tomar decisiones valientes en su carrera. Ahora deberá demostrar que el cuerpo le responde tras la rodilla y que su lectura del juego encaja con las exigencias de McInnes.

Rangers ya ha hecho su parte, atándolo en uno de los momentos más delicados de su trayectoria. La siguiente respuesta la dará el propio Rice, con el balón a sus pies y el centro del campo de Ibrox como escenario.