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El regreso de Neymar y el reto de Brasil ante Japón

El camino de Neymar hacia el Mundial de 2026 ha sido todo menos recto. Rodilla destrozada en octubre de 2023, un calvario de rehabilitación, recaídas, dudas. Cuando por fin volvió a pisar el césped con la camiseta de Brasil en la victoria ante Escocia, en el último partido de la fase de grupos, se cerraba un paréntesis de tres años sin vestir la verdeamarela. Bastaron unos minutos para encender la imaginación de todo un país: ¿titular ya en las eliminatorias?

Carlo Ancelotti pisa el freno. El entusiasmo es de la grada; la prudencia, del banquillo.

Neymar vuelve, pero con freno de mano

El delantero, que también arrastraba una lesión en el gemelo que le dejó fuera de los duelos ante Marruecos y Haití, ha ido sumando carga de trabajo con cuentagotas. Su aparición ante Escocia fue simbólica, pero decisiva en lo emocional: Brasil recuperaba a su gran figura justo cuando el torneo entra en la zona caliente.

Ancelotti, sin embargo, no se deja arrastrar por la nostalgia ni por la presión popular. Antes del cruce de octavos de final del lunes, el técnico italiano dibujó con precisión el punto en el que se encuentra el jugador de 34 años.

“Neymar ha progresado muy bien. Creo que mejoró mucho la semana pasada”, explicó ante los medios. “Es una pena que no pudiera entrenar todo el tiempo que estuvo con nosotros. Puede jugar más de 15 minutos. Está en buena forma. Pero depende mucho del contexto del partido y de cómo se desarrollen las cosas”.

Es decir: el talento está, la chispa también, pero el físico aún no permite pensar en 90 minutos a pleno rendimiento. Ancelotti se guarda la carta de Neymar para el momento justo, no para la foto de la alineación.

Japón aprieta… también con la palabra

El duelo ante Japón llega con un matiz inesperado. Kento Shiogai, delantero de 21 años del Wolfsburg, apenas ha disputado seis minutos en este Mundial, pero sus declaraciones han tenido más impacto que su presencia en el campo. El atacante dejó caer que Brasil podría ser ya una potencia en declive en el fútbol mundial.

Suficiente para encender titulares y alimentar la previa. No en el vestuario brasileño.

Ancelotti cortó de raíz cualquier intento de guerra dialéctica. “No voy a repetir lo que otros dicen. Estamos centrados en el partido, en las cualidades del rival, en prepararnos bien para evitar problemas”, subrayó. Y remató con ironía, aludiendo al término tan usado en las islas británicas: “Eso es de lo que trata la preparación del partido. No estamos haciendo lo que llaman en Inglaterra ‘mind games’. ¿Cómo se dice en portugués? Mind games. No vamos por ahí”.

Mensaje claro: nada de distracciones, nada de fuegos artificiales. El ruido, fuera; el balón, dentro.

Un favorito con memoria… y cicatrices

Sobre el papel, Brasil parte como favorito. Lo dicen los nombres, lo dice la historia, lo repite el imaginario colectivo cada vez que suena el himno. Pero el rival no encaja en el molde del convidado de piedra. Japón llega a la cita con una racha de 10 partidos sin perder y un par de golpes sobre la mesa que nadie olvida en la Cidade do Futebol: un 3-2 a la propia Brasil en Tokio y un triunfo en Wembley ante Inglaterra.

Ancelotti tiene grabada esa noche de octubre en la capital japonesa. Brasil mandó en la primera parte, se adelantó, pareció tener el partido bajo control. En la segunda, Japón cambió el guion, ajustó líneas, apretó arriba y dio la vuelta al marcador. Una lección táctica y de carácter que todavía resuena en la preparación de este cruce.

El recorrido de los Samurai Blue en este Mundial refuerza la sensación de peligro. Segundos en el Grupo F tras un 2-2 ante Países Bajos, una contundente goleada 4-0 a Túnez y un 1-1 trabajado frente a Suecia. Equipo compacto, valiente, con ritmo y sin complejos ante las grandes camisetas.

Brasil lo sabe. No se enfrenta solo a un rival en forma, sino a una selección que ya le ha demostrado que puede castigar cualquier desconexión.

Un Brasil entre la ilusión y el cálculo

En este contexto, la gestión de Neymar se convierte en una cuestión estratégica de primer orden. El país sueña con verlo desde el inicio, desequilibrando, mandando en la frontal, atrayendo rivales. El cuerpo técnico piensa en algo distinto: dosificarlo hoy para tenerlo vivo mañana.

El propio discurso de Ancelotti dibuja el plan. Neymar está para más de un cuarto de hora, sí, pero su impacto puede ser mucho mayor si entra con el partido abierto, con defensas cansadas, con espacios que no existen en el minuto uno. Un recurso de lujo para cambiar un guion que se complique o para rematar un encuentro encarrilado.

Del otro lado, Japón llega sin complejos, con una racha que legitima su ambición y con la memoria fresca de aquel 3-2 en Tokio. Si algo ha demostrado esta generación nipona es que no se encoge ante los gigantes.

Entre la paciencia con Neymar, la necesidad de imponer jerarquía y el desafío táctico que plantea Japón, Brasil se asoma a un cruce que dice mucho más que un simple pase de ronda. Es una prueba de madurez, de gestión y de presente real de una selección que, para muchos, vive permanentemente obligada a parecer invencible.

La pregunta es otra: ¿le alcanzará con ser, simplemente, humana pero bien dirigida frente a un rival que ya ha probado su sangre?

El regreso de Neymar y el reto de Brasil ante Japón