Revolución interna en Tottenham para dejar atrás el 'Spursy'
Tottenham ha decidido dejar de hablar de mala suerte. El club del norte de Londres ha abierto una revisión interna de amplio alcance tras una temporada de Premier League tan pobre que acabó rozando el desastre: solo dos puntos le separaron del Championship y la permanencia se aseguró con un último sprint firmado por Roberto De Zerbi, que rescató 11 puntos en las últimas seis jornadas.
No es un simple ajuste de tornillos. Es una operación a corazón abierto.
De Zerbi salva el año… y acelera los cambios
La llegada de De Zerbi cambió el tono de un curso que se encaminaba al abismo. Su impacto en el tramo final evitó una debacle histórica, pero también dejó claro que el club no podía seguir igual. Cuatro entrenadores en doce meses, una plaga de lesiones sin parangón en la liga y una estructura deportiva tambaleante han colocado a Tottenham ante una encrucijada.
El director deportivo, Johan Lange, está en el centro del huracán. Su futuro se encuentra seriamente en duda tras un año caótico y en el club ya se contempla que pase a un rol secundario o de transición si llega el director deportivo de perfil “world-class” que se está buscando.
La sensación en los despachos es nítida: otro año como este sería inasumible.
Una enfermería llena y un mensaje claro de Maddison
Los números de lesiones han sido demoledores. Tottenham ha sufrido más bajas que cualquier otro equipo de la Premier League, muchas de ellas graves. James Maddison, recién regresado tras la rotura completa del ligamento cruzado anterior que se había dañado parcialmente el verano pasado, no se mordió la lengua al hablar del tema después de la victoria ante Everton.
“El nuestro con las lesiones ha sido peor que el de cualquier otro club. La gente intenta decir ‘sí, pero nosotros tenemos esto y lo otro’, pero lo nuestro es astronómico, y tenemos que mirar por qué es así”, lanzó el centrocampista.
Ese “por qué” se ha convertido en el eje de un trabajo interno que ya está en marcha.
La era Lewindon: ciencia, rendimiento y bisturí organizativo
El hombre encargado de liderar esta transformación es Dan Lewindon, nuevo director de rendimiento, llegado en febrero desde el City Football Group. Su aterrizaje en Hotspur Way coincidió casi al minuto con la salida de Thomas Frank, y lo que encontró dentro no fue precisamente una estructura modélica.
El área médica y de rendimiento ha vivido una sacudida constante en los últimos años. Tras décadas de estabilidad bajo el mando de Geoff Scott, responsable de medicina y ciencia del deporte que dejó el club en 2024 y ahora trabaja en Nottingham Forest, se sucedieron salidas rápidas: Adam Brett, director de servicios de rendimiento, y Nick Davies, jefe de ciencia del deporte, duraron apenas un año.
Nick Stubbings llegó el verano pasado como responsable médico del primer equipo masculino tras 11 años en Brentford, siguiendo el mismo camino de otros exintegrantes de los Bees hacia el norte de Londres. Pero la figura clave ahora es Lewindon.
Con experiencia en fútbol, tenis y rugby al más alto nivel, Tottenham confía en que sea él quien corte de raíz la racha de lesiones que ha dejado a la plantilla con hasta diez o más jugadores fuera en demasiados tramos de las últimas tres temporadas.
En el club se percibe ya una buena sintonía entre De Zerbi y Lewindon. Conversan a menudo sobre cómo remodelar los departamentos de rendimiento y médico para ponerlos al nivel de las potencias europeas.
El presidente no ejecutivo, Peter Charrington, ya ha avisado: la entidad se moverá para “modernizar nuestra operación futbolística, con un foco significativo en elevar los estándares en las áreas médica y de rendimiento”. No es un retoque cosmético, es un cambio de cultura.
El césped bajo sospecha: la investigación del campo retráctil
En este proceso, hasta el césped está siendo interrogado. Literalmente.
El Tottenham Hotspur Stadium presume de un sistema retráctil que permite deslizar el terreno de juego bajo el fondo sur para acoger partidos de NFL y conciertos. Un prodigio de ingeniería… que ahora está bajo examen interno. En el club reconocen que cinco lesiones de ligamento cruzado en los últimos años son demasiadas, y quieren descartar cualquier relación con la superficie.
Real Madrid, que también instaló un campo retráctil, ha sufrido una oleada de lesiones desde entonces. El paralelismo ha encendido alarmas.
De momento, las primeras pruebas externas e independientes realizadas en los días de partido apuntan a que no hay diferencias significativas en el bote y la elasticidad del césped del estadio respecto al de los campos de entrenamiento de Hotspur Way. Pero ese es solo el primer nivel de análisis: se prepara un estudio más profundo y a largo plazo para tener una radiografía completa.
No todas las lesiones se pueden explicar por un factor único. Algunas se consideran infortunios, como las roturas de Xavi Simons y Wilson Odobert. El manejo del problema de Xavi en Molineux, revisado internamente, ha sido respaldado: el jugador quería seguir, pero no pudo, y se considera que los fisioterapeutas actuaron con la prudencia necesaria y sin agravar el daño.
De la etiqueta “Spursy” al trabajo con la mente
Tottenham no solo quiere arreglar músculos y ligamentos. Quiere cambiar cabezas.
El término “Spursy”, que persigue al club desde hace años por su tendencia a autodestruirse en momentos clave, ha pasado de ser un chiste cruel a un problema a tratar. Lewindon ha sido uno de los principales impulsores de la contratación de un nuevo psicólogo jefe que trabajará a tiempo completo con los jugadores y con el personal que los rodea.
La idea es atacar el problema de raíz: gestión de la presión, resiliencia, toma de decisiones bajo estrés. Profesionalizar lo que durante mucho tiempo se dejó al carácter individual.
De Zerbi, por su parte, se ve a sí mismo también como una figura psicológica para sus futbolistas. Lo ha dejado claro dentro del club. Sus reuniones individuales son frecuentes y, en el tramo final de temporada, se apoyó en vídeos con las mejores acciones de los jugadores tanto con Spurs como en sus antiguos equipos para devolverles confianza en los momentos decisivos.
Ese enfoque, centrado en el individuo, encaja de lleno con la hoja de ruta que está trazando Lewindon.
Un nuevo modelo: grupos reducidos, más control y más confianza
Una de las grandes transformaciones que se estudian pasa por cambiar la forma en la que el club gestiona las lesiones y la recuperación. El plan apunta a un modelo más integrado, basado en “pods”: grupos de cuatro a seis jugadores que trabajen siempre con el mismo fisioterapeuta y un científico del deporte dedicados a ese pequeño núcleo.
Menos jugadores por profesional. Más conocimiento específico de cada cuerpo, cada historial, cada posición en el campo.
Como un profesor con menos alumnos, la expectativa es que el personal pueda comprender mejor las necesidades individuales y tomar decisiones más finas sobre cargas de entrenamiento y preparación física. El objetivo final es sencillo de enunciar y complejo de ejecutar: menos recaídas, menos tiempos muertos, más continuidad competitiva.
De Zerbi insiste en que el club debe entender de verdad a cada futbolista: su contexto familiar, su personalidad, su rol táctico. Solo así, cree, podrá construir un equipo capaz de competir al máximo nivel con regularidad.
En paralelo, Tottenham quiere reforzar la confianza de los jugadores en el departamento médico del club. En algunos casos, las estrellas han preferido apoyarse en médicos de antiguos equipos o en los servicios de sus selecciones nacionales. En una era en la que muchos futbolistas cuentan con sus propios especialistas de rendimiento, el reto pasa por coordinar a todas las partes y unificar criterios.
La meta es clara: un solo plan consensuado para cada jugador, con todos los implicados alineados.
Menos cambios en el banquillo, más robustez en el mercado
Dentro del club también se asume que el carrusel de entrenadores ha tenido un impacto directo en las lesiones. Cada técnico trae métodos, ritmos y exigencias distintas. Algunos han apretado más en los entrenamientos, otros han encontrado a jugadores dispuestos a ir más allá de sus límites para impresionar al nuevo jefe. El resultado, demasiadas veces, ha acabado en la camilla.
El plan de reconstrucción no se limita a la estructura interna. Se espera que, una vez completada la revisión de Lewindon, haya cambios de personal, nuevas caras, ideas frescas y una mejor integración entre departamentos. También se prevé ajustar el perfil de fichajes: jugadores más robustos, capaces de sostener el ritmo intenso que exige el fútbol de De Zerbi.
Tottenham sabe que no puede permitirse repetir una temporada como la que acaba de vivir. Nadie en el club espera una solución inmediata. No hay promesas de milagros para agosto. Pero sí una convicción: si el curso de colisión que marca Lewindon se mantiene, el número de lesiones debería caer y el entrenador italiano tendrá, por fin, algo que esta campaña apenas disfrutó.
Opciones reales. Una plantilla disponible. Y la oportunidad de demostrar si este Tottenham está preparado para dejar de ser un meme y empezar a comportarse como un club que aspira a algo más que a sobrevivir.





