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Suiza domina a Argelia en la Round of 32 del Mundial

En el eco cerrado de BC Place, la noche de Vancouver se convirtió en el escenario perfecto para que Suiza confirmara lo que ya insinuaba su fase de grupos: un equipo maduro, con automatismos claros y una columna vertebral que domina los ritmos de un partido grande. El 2-0 sobre Argelia en esta Round of 32 no fue solo un marcador, sino la culminación lógica de dos trayectorias opuestas en el torneo.

Suiza llegaba como líder del Grupo B, con 7 puntos y una diferencia de goles total de +4 (7 a favor y 3 en contra). Su temporada en este Mundial habla de un bloque fiable: en total han disputado 4 partidos, con 3 victorias, 1 empate y ninguna derrota. En casa —es decir, en los partidos donde figura como local— han jugado 3 veces, con 3 triunfos consecutivos. Sus números ofensivos son contundentes: 9 goles totales, de los cuales 8 llegaron “en casa”, con una media de 2.7 goles a favor como local y 2.3 en total. Defensivamente, apenas han encajado 3 tantos en todo el torneo, solo 2 como local, para un promedio de 0.7 goles recibidos en BC Place y 0.8 en total. Es el perfil clásico de selección de torneo: marca más de lo que concede y rara vez se descompone.

Enfrente, Argelia se presentaba desde el Grupo J con 4 puntos y una diferencia de goles total de -2 (5 a favor, 7 en contra). Su recorrido en el campeonato ha sido mucho más irregular: 4 partidos en total, con 1 victoria, 1 empate y 2 derrotas. Sobre todo preocupa su fragilidad defensiva: 9 goles encajados en total, 6 de ellos “en sus viajes”, con una media de 2.0 goles recibidos fuera de casa y 2.3 en el global. En ataque, el contraste es llamativo: 3 goles como local, pero solo 2 fuera, para una media de 0.7 tantos lejos de casa. Es un equipo que necesita demasiado para hacer daño y concede demasiado pronto.

El dibujo táctico de ambos entrenadores reflejó bien esas tendencias. Murat Yakin apostó por su estructura preferida en este torneo, el 4-2-3-1, un sistema que ya había utilizado 2 veces en la competición. G. Kobel bajo palos, una línea de cuatro con D. Zakaria, N. Elvedi, M. Akanji y R. Rodriguez, y un doble pivote de control con R. Freuler y G. Xhaka. Por delante, un trío móvil con D. Ndoye, J. Manzambi y R. Vargas, y B. Embolo como referencia.

Ese once explica la identidad suiza: Akanji y Elvedi sostienen una salida limpia, Rodriguez ofrece amplitud y pie zurdo para cambiar de orientación, mientras que Xhaka y Freuler fijan el tempo. La presencia de Manzambi entre líneas es el matiz que eleva al equipo: máximo goleador y máximo asistente suizo en el torneo, con 3 goles y 2 asistencias en 4 apariciones, 200 minutos y una valoración media de 7.7, su influencia es transversal. Sus 55 pases totales con un 78% de acierto y 3 pases clave describen a un mediapunta que no solo finaliza, sino que conecta líneas y da sentido a las posesiones largas.

En punta, Embolo encarna la otra gran amenaza: 2 goles, 2 asistencias, 6 disparos totales (4 a puerta) y 8 faltas recibidas. Es el “9” que fija centrales, estira al rival y abre pasillos para las llegadas de segunda línea. Sus 35 duelos disputados, con 18 ganados, hablan de un delantero que convierte cada balón dividido en una mini batalla ganada metros arriba.

Vladimir Petkovic respondió con un 4-3-3 para Argelia, un esquema que su selección ya había utilizado 2 veces en el torneo. L. Zidane en portería, línea de cuatro con R. Belghali, A. Mandi, R. Bensebaini y R. Ait-Nouri; en la sala de máquinas, R. Zerrouki, N. Bentaleb y F. Chaibi; arriba, un tridente teóricamente talentoso con R. Mahrez, I. Maza y H. Aouar. Sobre el papel, un once capaz de discutir la posesión y hacer daño en las bandas; en la práctica, la estructura quedó demasiado estirada, con el mediocampo obligado a correr siempre hacia atrás.

La ausencia de A. Benbouali, marcado como baja por herida, recortó una opción de profundidad en el banquillo argelino, mientras que Suiza también llegaba con la baja de L. Jaquez por contusión muscular, un matiz menor en una defensa ya muy asentada. Ninguno de los dos equipos arrastraba sanciones graves; las estadísticas de tarjetas previas muestran que tanto Suiza como Argelia concentran el 66.67% de sus amarillas entre los minutos 31 y 45 y el 33.33% entre el 61 y el 75, lo que revela un patrón de tensión en los tramos finales de cada tiempo, pero sin derivar en expulsiones: ninguna roja registrada hasta ahora.

El partido, visto desde la pizarra, fue una colisión entre un bloque que sabe cuándo acelerar y cuándo enfriar (Suiza) y otro que vive demasiado en los extremos: Argelia no ha dejado su portería a cero en ningún partido del torneo, y en 2 ocasiones se quedó sin marcar, ambas lejos de casa. Es decir, cuando el contexto exige eficacia en las áreas, sufre en las dos.

La clave del duelo estaba en el cruce entre el “cazador” suizo y el “escudo” argelino. Manzambi, con 3 goles en apenas 4 disparos totales (3 a puerta), es clínico en la zona de la verdad; frente a él, una defensa que en sus viajes ha recibido 6 goles y cuya mayor derrota fuera fue un 3-0. Embolo, con su capacidad para ganar duelos y forzar faltas, obligó a Mandi y Bensebaini a defender más cerca de su área, reduciendo la posibilidad de que Argelia adelantara líneas y conectara con Mahrez en zonas altas.

En la medular, el “motor” del partido fue el choque entre Xhaka y Freuler contra Zerrouki y Bentaleb. Suiza, acostumbrada a mandar con balón, se apoyó en la experiencia de Xhaka para gestionar ventajas y en la lectura táctica de Freuler para tapar líneas de pase hacia Mahrez y Aouar. Argelia necesitaba que Chaibi encontrara espacios entre líneas, pero la densidad suiza en el carril central, más el trabajo de retorno de Ndoye y Vargas, cerró la autopista interior.

Desde el prisma estadístico, el pronóstico previo ya se inclinaba hacia el lado europeo: Suiza promedia en total 2.3 goles a favor por partido y solo 0.8 en contra; Argelia, en cambio, se mueve en 1.3 goles a favor y 2.3 en contra. La diferencia de gol global de los helvéticos (+6, al haber anotado 9 y encajado 3 en todo el torneo) frente al -4 argelino (5 a favor, 9 en contra) se tradujo en el césped en un dominio sereno, sin necesidad de exhibiciones. Además, Suiza ha convertido los 2 penaltis totales de los que dispuso en el torneo, sin fallos, un dato que subraya su fiabilidad en los momentos de máxima presión, mientras que Argelia ni siquiera ha tenido la opción de cambiar partidos desde los once metros.

El 2-0 final encaja con esa lógica: un equipo que sabe gestionar ventajas, que nunca ha fallado en marcar en este Mundial (cero partidos sin anotar) y que ya suma 1 portería a cero, contra otro que no ha logrado un solo partido imbatido y que ha mostrado demasiadas grietas cuando el rival acelera. Más que una sorpresa, fue la confirmación de dos narrativas: la de una Suiza que se consolida como bloque de eliminatorias, y la de una Argelia que, pese al talento de nombres como Mahrez, Aouar o Bensebaini, todavía no encuentra el equilibrio que exige un torneo de este calibre.