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Colombia avanza a octavos del Mundial tras vencer a Ghana

Colombia ya está en los octavos de final del Mundial. Lo consiguió con un 1-0 corto, engañoso para lo que se vio en el Arrowhead Stadium de Kansas City, pero suficiente para mandar a casa a una Ghana sin colmillo, incapaz de probar a David Ospina en todo el partido.

El gol de Jhon Arias, muy temprano, bastó. El resto fue dominio, ocasiones falladas y una sensación constante: Colombia jugó con fuego, pero Ghana nunca tuvo chispa para castigarla.

Un arranque engañoso

El partido arrancó con un susto que no anunció nada de lo que vendría. Thomas Partey cazó un balón suelto en la frontal y soltó un derechazo que se marchó rozando el palo en el primer minuto. Fue la única vez en todo el encuentro que los Black Stars parecieron realmente amenazantes.

A partir de ahí, el guion cambió de manos y ya no volvió. Colombia se adueñó de la pelota, del ritmo y del ambiente, empujada por una hinchada mayoritariamente cafetera que convirtió Kansas City en una sucursal de Barranquilla.

Carlos Queiroz, al mando de una Ghana que ya había sufrido para ver puerta en la fase de grupos —solo dos goles—, miraba al césped con gesto serio. Lo que venía no iba a mejorar su ánimo.

Gol, lesiones y control cafetero

El plan de Colombia sufrió un golpe temprano: Jhon Córdoba se llevó la mano a la ingle y pidió el cambio. Entró Luis Suárez, obligado a entrar en calor a toda prisa. El relevo, sin embargo, terminó siendo decisivo.

A los pocos minutos, Ghana también perdió a Marvin Senaya, sustituido por Alidu Seidu. Dos cambios forzados antes del cuarto de hora y un partido que parecía deshilacharse. Pero Colombia encontró claridad en medio del caos.

Minuto 14. Suárez peleó una pelota en la derecha, insistió cuando parecía que la jugada se moría, ganó la línea de fondo y levantó la cabeza. En el punto justo del área esperaba Arias, completamente solo. Controló la trayectoria y la cruzó con calma. 1-0 y explosión en la grada.

El tanto dejó a Ghana en una encrucijada. Un equipo con problemas de gol, por detrás tan pronto, obligado a proponer ante una selección que se sentía cómoda con el balón y con espacios para correr. La noche se inclinaba claramente.

Díaz perdona, Zigi sostiene

Con la ventaja, Colombia se soltó. Toques rápidos, cambios de orientación, desmarques constantes. Ghana perseguía sombras. El dato al descanso lo resumió todo: ni un solo remate a puerta y menos de la mitad de los 319 pases completados por Colombia.

Antes del entretiempo, el marcador pudo quedar sentenciado. Luis Díaz, referencia ofensiva y figura de Bayern Munich, se encontró con una ocasión clarísima en el 39. Llegó perfilado, con tiempo para decidir, pero su disparo salió mordido, desviado, como si el césped le hubiera jugado una mala pasada.

El asedio no terminó ahí. En el añadido de la primera parte, Johan Mojica apareció desde atrás y conectó un cabezazo picado que llevaba destino de gol. Lawrence Ati Zigi reaccionó con reflejos felinos, volando abajo para negar el 2-0. Fue la parada del partido y el único motivo por el que Ghana llegó viva al descanso.

Ghana no muerde, Colombia no cierra

La segunda mitad se jugó con la misma partitura: Colombia mandando, Ghana esperando un error que nunca supo forzar. El problema para los sudamericanos fue otro: la falta de contundencia para rematar lo que habían empezado.

Colombia generó situaciones para ampliar la renta, pero eligió mal en el último toque o se topó con sus propias imprecisiones. El dominio era evidente, el marcador no.

Luis Díaz llegó a marcar, pero el asistente levantó la bandera por fuera de juego. Poco después, volvió a tenerla, esta vez con un disparo franco que acabó directo a las manos de Zigi. El delantero lo lamentó, consciente de que el partido pedía un golpe definitivo.

Ghana, mientras tanto, no encontraba la forma de rebelarse. No hubo reacción real, ni cambios de ritmo, ni esa ráfaga de orgullo que suele aparecer cuando una selección se juega la vida en un Mundial. El dato final fue demoledor: ni un solo tiro entre los tres palos en 90 minutos.

Un final tenso para un partido controlado

Con el 1-0 instalado en el marcador, el cierre tuvo más tensión que fútbol. No porque Ghana apretara, sino porque Colombia, tan superior en el juego, se negó a matar el partido.

Juan Quintero, ya en la recta final, se sacó un latigazo potente desde la frontal que se marchó por poco. Otro aviso, otra oportunidad que se escapaba. Cada ocasión desperdiciada alimentaba la sensación de que un despiste podía costar caro.

El pitido final llegó como un desahogo más que como una celebración. Colombia había sido mejor de principio a fin, pero el marcador contaba una historia más ajustada de lo que reflejó el césped.

Clasificación sellada. Ghana, fuera sin haber probado al portero rival. Colombia, en cambio, mira ahora a Vancouver, donde le espera Suiza el martes. El juego invita al optimismo. La falta de pegada, a la cautela.

En un Mundial que no perdona, la pregunta es inevitable: ¿le alcanzará a esta Colombia tan dominante en la elaboración, pero tan corta en el área rival, cuando enfrente tenga a un rival que sí dispare a puerta?

Colombia avanza a octavos del Mundial tras vencer a Ghana