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Cristiano Ronaldo se despide del Mundial sin la Copa

Cristiano Ronaldo abandonó el césped entre lágrimas. Sexto Mundial, último Mundial. Y un golpe cruel en el minuto 90+ para cerrar el capítulo: derrota 1-0 de Portugal ante España en octavos, firmada por un gol agónico de Mikel Merino.

El final que nadie en la selección portuguesa imaginaba para su gran símbolo. Pero el propio Cristiano, con la voz quebrada y la mirada aún húmeda, dejó claro que su historia con la camiseta de Portugal no se mide solo por una Copa del Mundo que nunca levantó.

“Es normal, es triste, salir del Mundial así”, admitió, hablando a través de un intérprete. “Pero, como dije ayer en la rueda de prensa, lo di todo, di lo mejor de mí. Y me voy con la conciencia tranquila”.

No hubo remontada, no hubo última noche épica. Hubo, sí, la aceptación serena de quien ha vivido todo en este juego. “Así es el fútbol, así es la vida de un futbolista. A veces se gana, a veces se pierde. Y hay que seguir”, añadió. “Fue mi último Mundial, sí, pero el resto… tengo tiempo para pensar, estar con mi familia, no tomar decisiones en caliente y seguir con la vida”.

Un gigante del Mundial sin la corona

Cristiano se marcha sin título mundial y sin siquiera haber disputado una final. El techo de Portugal en su era, en esta competición, sigue siendo aquel 2006 de irrupción y descaro, cuando el equipo alcanzó las semifinales y terminó cuarto.

Aun así, su huella en la Copa del Mundo es innegable. Once goles en 27 partidos, una presencia constante durante dos décadas y un dato que lo coloca en un pedestal reservado a muy pocos: junto a Lionel Messi, con 39 años y aún en liza con Argentina, son los únicos hombres que han disputado seis Mundiales.

No es la foto clásica del campeón levantando el trofeo, pero sí la de un competidor que se mantuvo en la élite absoluta durante un ciclo casi inhumano.

El reino de Cristiano: Europa y 2016

Si el Mundial le fue esquivo, la Eurocopa fue su territorio más fértil. Con la Seleção das Quinas firmó 14 goles en 30 encuentros y, sobre todo, el título de 2016, el primer gran trofeo de selecciones en la historia de Portugal.

“Antes de Cristiano, Portugal no había ganado títulos”, recordó el propio delantero. No sonó a vanidad, sino a constatación. “Así que estoy feliz. La verdad es que el mayor título que gané con la selección fue en 2016, que para mí tiene el mismo significado que el Mundial, honestamente”.

Aquella noche en París, con Cristiano lesionado y dirigiendo desde la banda como un técnico más, se convirtió en la imagen que él mismo parece guardar como escudo ante la decepción actual. El punto más alto de una carrera internacional que cambió el lugar de Portugal en el mapa del fútbol.

Conciencia tranquila, futuro abierto

En medio del dolor de la eliminación, Ronaldo insistió en una idea: no se reprocha nada. “Repito, me voy con la conciencia tranquila, habiendo hecho lo mejor, y ya está. Mañana será un nuevo día y la vida sigue”.

Su vida profesional, de momento, sigue ligada a Al-Nassr. El cinco veces ganador del Balón de Oro tiene contrato por una temporada más en la Saudi Pro League, club en el que lleva ya cuatro campañas. Todo apunta a que el próximo curso podría ser el último de su carrera, aunque nadie lo ha confirmado.

Se va del Mundial sin la copa que persiguió durante veinte años, pero deja detrás de sí una selección que aprendió a ganar con él y una estadística que lo coloca entre los grandes de todos los tiempos. No levantó el trofeo dorado. Levantó, en cambio, el listón de lo que significa vestir la camiseta de Portugal.

El Mundial ya no tendrá a Cristiano. La pregunta, ahora, es cuánto tiempo más tendrá el fútbol a Cristiano.