Cristiano Ronaldo y su último Mundial: Portugal sueña con el trofeo
Cristiano Ronaldo se prepara para liderar a Portugal en su sexto Mundial, con 41 años, y la sensación es inevitable: el reloj ya no solo marca los minutos de los partidos, también los de una era que se acaba. En torno a la Seleção se ha instalado una mezcla de ilusión y nostalgia. El deseo es unánime: verle irse con la única copa que falta en su vitrina.
“Esperemos que esté en condiciones de retirarse —no sé cuándo, el cuerpo no es eterno— con un título de esta magnitud”, afirmó en una entrevista con la agencia Lusa.
Un Mundial brutal para las piernas europeas
El contexto no ayuda. El Mundial de 2026, repartido entre Estados Unidos, Canadá y México, se percibe ya como uno de los torneos más exigentes de la historia. Distancias enormes, cambios de clima, husos horarios traicioneros. Un rompecabezas físico y mental, sobre todo para jugadores que llegarán tras temporadas interminables en clubes de élite.
Godinho no lo disfraza: “El Mundial será difícil… por el cansancio con el que llegarán”. Para él, el salto de continente pesa. “El cambio continental es una desventaja, como lo será para otros países de otros continentes. Los equipos más poderosos tienen jugadores en grandes competiciones de clubes y llegan fatigados. A eso se suman los largos viajes, los cambios de horario y el clima, todo influye en el rendimiento”.
Su advertencia es directa: sin una preparación quirúrgica, el talento no bastará. “Es mucho más difícil jugar en Estados Unidos que en Alemania”, remató, recordando lo cómodo que resultó para las selecciones europeas competir en torneos recientes disputados cerca de casa.
Del chico de 18 años al mito que se resiste a bajar el telón
Pocas voces pueden hablar de Ronaldo con tanta perspectiva como Godinho. Estuvo allí en 2003, cuando un joven espigado, con 18 años y desparpajo infinito, se presentó en la selección para jugar contra Kazajistán. En el vestuario le esperaban nombres que hoy son parte de la mitología del fútbol portugués: Luis Figo, Rui Costa, Fernando Couto.
Aquel ecosistema, recuerda, moldeó al goleador que hoy sigue desafiando al tiempo. “No fue difícil trabajar con Cristiano. Apareció con 18 años jugando contra Kazajistán, pero tenía un grupo de jugadores que le ayudó mucho a entender la dimensión de dónde estaba”, explicó.
Godinho describe a un chico “extraordinario”, rápido para absorber consejos, incluso cuando venían acompañados de “charlas duras” de los veteranos. De ese choque entre talento juvenil y exigencia máxima nació la mentalidad ganadora que ha sostenido a Ronaldo durante dos décadas en la cumbre.
Un grupo trampa y un debut que puede marcar el tono
El último gran viaje de Ronaldo con Portugal arranca en el Grupo K. El 17 de junio, en Houston, la Seleção se medirá a la República Democrática del Congo. Un estreno que, por contexto y calendario, se presenta como partido bisagra.
El triunfo en el debut se interpreta como combustible emocional, pero Godinho baja el volumen a la ansiedad. Sabe de qué habla: estuvo en la Eurocopa 2016, aquella en la que Portugal empezó con dudas y terminó abrazada al título. El mensaje es claro: un tropiezo inicial no liquida un sueño.
Tras el duelo en Houston, llegarán Uzbekistán y Colombia. Tres rivales, tres estilos, tres viajes. Un grupo menos sencillo de lo que suena sobre el papel, sobre todo para una selección que tendrá que gestionar piernas cargadas, expectativas gigantes y la sombra permanente del “último baile” de su capitán.
“El primer partido es siempre muy importante”, subrayó Godinho. “Todo depende del estado de ánimo, del cansancio y de la mentalidad, pero estoy convencido de que con los jugadores y la capacidad organizativa podemos llegar ahí. Decir que vamos a ganar es prematuro”.
El sueño final
En el fondo, todo el relato gira en torno a una imagen: Ronaldo, con la camiseta de Portugal, levantando el trofeo que siempre se le ha resistido. No es una promesa, ni una obligación. Es un deseo colectivo, casi una plegaria futbolística.
El propio Godinho lo resume sin adornos: la ilusión está ahí, pero el cuerpo manda. La cuenta atrás ha empezado. La gran pregunta no es solo si Portugal estará preparada para sobrevivir a un Mundial extremo en América. Es otra, más cruda y más humana: cuánto tiempo más podrá Cristiano seguir desafiando al calendario antes de que, por fin, sea su cuerpo el que diga basta.






