Graham Potter: del fracaso a un Mundial con Suecia
Graham Potter ya no intenta esquivar la palabra que muchos entrenadores temen: fracaso. La mira de frente. La desmenuza. Y la usa como combustible. “Tienes que afrontar lo malo. Cuanto más lo haces, más opciones tienes de que tu vida sea mejor. Entonces llegan esos momentos bonitos”, reflexiona el técnico de 51 años, marcado por sus golpes en Chelsea y West Ham, pero también por una resurrección que lo ha llevado a un Mundial con Suecia.
No habla desde la teoría, sino desde las cicatrices. Su salida de la estabilidad de Brighton en septiembre de 2022 para lanzarse al caos de Chelsea duró apenas siete meses. Después llegó un largo parón y, cuando el ruido parecía apagarse, sonó el teléfono de West Ham a comienzos del año pasado. Potter volvió al ruedo. Y se equivocó.
Seis victorias en 25 partidos, un inicio desastroso en su primera temporada completa y el despido en septiembre. De repente, una carrera que había prometido modernizar banquillos y estilos se asomaba al borde de la irrelevancia. ¿Qué hacer con todo eso?
“Después de West Ham podía hacer dos cosas”, cuenta. “Podía quedarme sentado haciendo medios. O podía ir a trabajar”. Eligió lo segundo. Pero antes tuvo que mirarse al espejo.
Del naufragio en Londres al llamado de Suecia
Suecia llegó cuando todo olía a encrucijada. El equipo estaba hundido en su grupo de clasificación al Mundial, sin rumbo tras la salida del danés Jon Dahl Tomasson, y necesitaba un giro urgente. Potter, que ya había dejado huella en el país con su obra en Östersund —ascenso desde la cuarta categoría hasta la Europa League—, era el candidato lógico… si él estaba dispuesto a exponerse otra vez.
Antes de decir que sí, se detuvo. Habló con su gente. Analizó cómo enterrar West Ham sin dejar que lo enterrara a él.
“Hay que lidiar con el fracaso. Te hace mejor persona”, admite. “A veces en el fútbol no puedes racionalizarlo. Simplemente piensas: ‘Quizá no estaba destinado a ser’. Y sigues adelante. Las lecciones que sacas de esas experiencias duelen. Y deben doler. Es la única forma de mejorar”.
Potter decidió blindarse del ruido exterior. “Si me preocupo por lo que la gente piensa de mí, es una vida miserable”, sentencia. Aun así, sabía perfectamente lo que se jugaba cuando firmó con Suecia en octubre, en un acuerdo a corto plazo. No logró sacarlos del grupo, pero el equipo recibió una segunda oportunidad: una plaza en el playoff gracias a su rendimiento en la Nations League. Otro golpe ahí habría sido letal para su reputación.
El playoff que lo cambió todo
La historia tomó otro tono en marzo. Suecia apareció en el playoff con una calma que no había mostrado en meses. Fría. Precisa. Letal cuando hacía falta.
Viktor Gyökeres destrozó a Ucrania con un hat-trick en el 3-1 de la semifinal. Y en la final, ante Polonia en Estocolmo, volvió a aparecer en el minuto 88 para firmar el 3-2 que aseguraba el billete al Mundial. El Friends Arena se vino abajo.
Potter aún revive la escena. “Vas a YouTube, pones la narración sueca del partido; lo vi un par de meses después y es la emoción en la voz”, cuenta. “Viktor marca y es como una experiencia fuera del cuerpo. Todos los suplentes corren al campo. Hay 15 jugadores dentro y yo pensando: ‘Esto son amarillas, esto son problemas’. Pero es un Mundial, así que todas las reglas se van por la ventana”.
Ese gol no solo clasificó a Suecia. También reordenó la vida de Potter. El seleccionador amplió su contrato hasta 2030. El inglés, que ya conocía el país como pocos técnicos extranjeros, volvió a sentirse en casa.
“Me siento muy sueco cuando trabajo. Parezco un poco sueco. Dos de mis hijos nacieron en Suecia”, recuerda. Para él, el fútbol de selecciones tiene otra dimensión. “Eres consciente de que estás haciendo algo que va más allá de ti. Es algo más grande. Puedes sentir la intensidad. Eso es lo bonito”.
El reto de entrenar a una selección… siendo un entrenador de proyectos
Potter siempre se ha definido como un técnico de construcción lenta, de método, de procesos largos. Justo lo contrario de lo que permite el calendario internacional.
“No tienes tiempo para desarrollar ideas”, admite. “El error sería pasarte desde el parón de noviembre hasta el de marzo creando planes tácticos para ganarle a Ucrania, y la realidad es que tienes dos días para preparar un partido. No quieres hacerlo demasiado complejo”.
Tras el subidón del playoff llegó el lado más frío del cargo: las llamadas duras, los descartes. Jugadores que se quedan fuera de la lista para el Mundial. Nombres, historias, egos. “Incluso si juegas 11 contra 11 en un entrenamiento, hay cuatro futbolistas parados fuera. No es fácil. Quieres que el grupo vaya por el mismo camino”.
Suecia se concentra en Estocolmo antes de volar a su base en Texas. El peso de la historia asoma. El país aún mira de reojo a USA 94, aquel tercer puesto que marcó a una generación. Ahora, con Japón, Países Bajos y Túnez en el Grupo F, el objetivo mínimo es entrar entre las 32 mejores. Nada está garantizado.
El calor de Monterrey y el filo de la estrategia
Suecia debutará el 14 de junio ante Túnez, en Monterrey. El clima será un rival más. Potter se prepara para partidos más lentos, espesos, decididos por detalles.
Las jugadas a balón parado asoman como arma central. “Se ve hacia dónde va el juego”, explica. “En los torneos sientes el cuchillo en la garganta, así que es menos fácil ser expansivo. Los partidos se cierran. Es una forma de crear ocasiones y creo que los equipos se van a centrar mucho en ello”.
No será el único recurso. Pese a la ausencia por lesión de Dejan Kulusevski, Suecia presenta un frente de ataque capaz de dañar a cualquiera: Alexander Isak y Gyökeres, un dúo que intriga a todo el país.
Gyökeres, héroe nacional y cuestionado en Londres
El delantero ha vivido una primera temporada discutida en Arsenal, bajo la lupa de una hinchada que pide impacto inmediato a cada fichaje. Potter ofrece otra lectura.
“Es un gran ejemplo del mundo moderno”, apunta. “Desde nuestra perspectiva, él nos ha llevado al Mundial, así que su impacto es increíble. Desde la perspectiva de Arsenal, ha cumplido su rol en el equipo, ha marcado sus goles, el equipo ha ganado la Premier League y ha llegado a la final de la Champions League. Ves todo el trabajo que hace. Ha tenido una temporada brillante”.
Entre la exigencia de un club gigante y la devoción de un país, Gyökeres se planta en el Mundial con la confianza intacta. Y con el respaldo total de su seleccionador.
Isak, entre la frustración y la esperanza
El camino de Alexander Isak ha sido más empedrado. Su traspaso de Newcastle a Liverpool el verano pasado parecía un salto hacia la élite definitiva. Pero una pretemporada irregular, una pierna rota y un regreso intermitente lo han dejado lejos de su mejor versión.
“No ha ido tan bien como le habría gustado”, reconoce Potter sobre su primer curso en Anfield. “A veces asumimos que cuando fichas a un jugador todo va a mejorar. Yo he vivido eso: no siempre es así. Alex en Newcastle hace una cosa, pero ¿cómo se adapta a lo que quiere Liverpool? El jugador no cambia. Su calidad no cambia. Sigue siendo un futbolista top. Es cuestión de cómo encaja en el equipo. Puede llevar tiempo. Es un gran chico”.
Potter lo sabe bien. Vio a Isak por primera vez siendo un adolescente, debutando con AIK ante su Östersund. “Estábamos bastante contentos antes del partido porque el delantero centro no jugaba y salía un chico de 16 años”, recuerda. “Luego marcó, perdimos 2-0 y aprendí la lección”.
El reciente golazo de Isak en la derrota 3-1 ante Noruega, este lunes, ofreció una señal de vida justo a tiempo. Potter quiere a los dos, Isak y Gyökeres, en el campo. “Son distintos en su estilo, lo cual es bueno para nosotros. Aún no hemos jugado con ellos juntos, así que es emocionante desarrollarlo”.
Zlatan, los torneos y el alma del juego
El ambiente alrededor de la selección empieza a cargarse. Potter ha intercambiado mensajes con Zlatan Ibrahimovic, el símbolo eterno del fútbol sueco. También ha hablado con entrenadores que han vivido tanto el día a día de club como la adrenalina de los torneos.
“Me han dicho que los torneos son la mejor sensación que existe en el fútbol”, comenta. “En la selección sientes que haces algo con más alma”.
Esa palabra —alma— se ha convertido en el eje de su trabajo. Tras el despido en West Ham, el club terminó descendiendo. Él, en cambio, siguió adelante. Hoy prepara un Mundial.
Sus primeros recuerdos del torneo lo llevan a México 86. Un niño de 11 años pegado a la pantalla, viendo a Diego Maradona destrozar el orden establecido. Ahí empezó todo. Ahora, Potter viaja a Estados Unidos como seleccionador de Suecia, con contrato hasta 2030, un país entero detrás y dos delanteros capaces de cambiar partidos en una jugada.
Ha sufrido, ha caído, ha dudado. Hoy vuelve al escenario que lo enamoró de niño. La pregunta ya no es qué le hizo el fracaso, sino qué está dispuesto a hacer él con esta segunda vida en un Mundial.






