Graham Potter: De la oscuridad a la gloria en el Mundial
“Nos vamos al Mundial, baby”. Graham Potter no gritó una consigna. Lanzó un exorcismo. El técnico inglés, marcado por dos despidos dolorosos en la élite, encontró en Estocolmo la redención que llevaba años persiguiendo. Minuto 88, Viktor Gyökeres rompe a Polonia y el Strawberry Arena estalla. Suecia vuelve a un Mundial. Potter vuelve a sentirse entrenador.
El 3-2 en el play-off, ante 50.000 aficionados, no fue solo un marcador. Fue la escena cumbre de lo que el propio técnico definió como “la mejor noche de mi carrera”. Para alguien que salió por la puerta de atrás de Chelsea tras solo siete meses y que no logró encajar en West Ham en otro ciclo corto y áspero, aquella celebración tuvo algo de ajuste de cuentas con el pasado.
“Duele. Son experiencias dolorosas”, admite Potter, sin rodeos. “He vivido el fracaso. También he tenido bastante éxito. Eso es la vida. Tienes que poner las cosas en perspectiva, escuchar a la gente que de verdad importa y puede ayudarte a mejorar”.
No habla como un entrenador que se protege. Habla como alguien que ya ha pasado por el fuego.
“Cuando lo estás viviendo, no es fácil. Tienes que lidiar con el fracaso, pero te convierte en mejor persona, seguro”.
De Chelsea a la catarsis sueca
La escena en Estocolmo fue casi cinematográfica. Gyökeres, el delantero de Arsenal, venía de firmar un triplete ante Ucrania. Contra Polonia, cuando el partido pedía un héroe, apareció de nuevo. Gol en el 88. Rugido. Descontrol.
“Viktor marca y es como una experiencia fuera del cuerpo, solo puedo describirlo así”, confiesa Potter. “Todos los suplentes corren al campo. Hay 15 jugadores sobre el césped y pienso: ‘Son tarjetas amarillas, son problemas’. Pero claro, es un Mundial. Todas las reglas se van por la ventana”.
Cuando suena el pitido final, la tensión acumulada durante meses se derrumba. “La sensación en el estadio fue increíble”, resume. Y ahí, entre abrazos y gritos, aparece el Potter más humano: el que reconoce que necesitaba esa noche como el aire.
“Es muy bonito experimentar algo tan positivo con el fútbol, porque últimamente no he tenido demasiado de eso. A nivel humano, se agradece”.
¿Celebración? El técnico sonríe cuando le preguntan. “¿Qué crees que hice?”. Hubo algún trago, hubo disfrute, pero también una advertencia que resume bien su filosofía.
“No deberías dejarte llevar demasiado. Nunca eres tan bueno como dicen cuando estás arriba, ni tan malo como dicen cuando estás abajo. Hay que mantener cierta perspectiva”.
Un inglés que se siente sueco
Potter no aterrizó en Suecia como un turista futbolero. Su historia con el país viene de lejos. Allí empezó todo. Con Ostersunds FK lo hizo casi todo: del cuarto nivel al Allsvenskan, una copa nacional, la primera aventura europea del club. Siete años que le cambiaron la vida.
Aprendió el idioma, se empapó de la cultura, construyó una carrera. “Me siento muy sueco cuando trabajo”, reconoce. Canta el himno antes de los partidos. Lo dice sin ironía. “Incluso parezco un poco sueco. Dos de mis hijos nacieron en Suecia. Viví siete años inolvidables en Ostersunds, con recuerdos que me acompañarán siempre”.
Desde abajo del todo hasta la élite del fútbol sueco. “Llegué desde la cuarta categoría, que es bastante baja, y fui subiendo hasta el Allsvenskan. Casi te conviertes en sueco como entrenador por las experiencias que vives. Me ha ayudado muchísimo”.
Hoy dirige a la selección nacional para la Svenska Fotbollförbundet. “Ahora trabajo para la federación sueca como seleccionador, así que me siento muy sueco”, remata.
No es solo una sensación. Es un vínculo que se nota cuando habla del Mundial de 1994 en Estados Unidos, el gran recuerdo colectivo del país. Potter se sabe incluso la canción del torneo, “När vi gräver guld i USA”, convertida en himno generacional al nivel de los clásicos ingleses.
Su llegada al banquillo sueco, en un principio con un contrato corto tras reemplazar a Jon Dahl Tomasson en noviembre, no fue un salto al vacío. Fue un paso calculado. Antes del parón de marzo, y antes incluso de asegurar el billete al Mundial, ya había ampliado su contrato hasta 2030. Dirigirá a Suecia en este Mundial y, si el equipo responde, también en la Eurocopa 2028 y en el Mundial 2030.
“Quizá en Inglaterra lo damos por hecho porque solemos clasificarnos”, reflexiona. “Pero la realidad es que muchos países no lo consiguen, así que es especial cuando lo logran. También es muy importante para las finanzas de toda la estructura del fútbol”.
Entre los mensajes que ha recibido, uno pesa más que el resto: el de Zlatan Ibrahimovic, al que define como “uno de los reyes de Suecia”. Bendición real para un seleccionador que llega de fuera.
Isak, Gyökeres y un ataque para soñar
El reto ahora ya no es clasificarse. Es competir. Suecia se medirá a Túnez, Países Bajos y Japón en el Grupo F. Si quiere ir lejos, necesitará que sus dos grandes figuras ofensivas se enciendan.
Alexander Isak, ahora en Liverpool tras su traspaso récord de 125 millones desde Newcastle el verano pasado, todavía no ha sido titular con Potter por una temporada marcada por las lesiones. Gyökeres, por su parte, llega lanzado: 21 goles en la Premier League, campeón con Arsenal y finalista de la Champions League en su primer curso tras salir de Sporting por 55 millones.
“Tienen estilos diferentes, y eso es bueno para nosotros, porque puedes utilizarlos de forma efectiva”, analiza el seleccionador. Hay una confesión que añade un punto de intriga: “La verdad es que todavía no los hemos alineado juntos en mi etapa, así que será emocionante desarrollarlo. Si conseguimos que disfruten del fútbol y estén enchufados, son jugadores top”.
Sobre Isak, Potter pide calma. “Puede llevar tiempo. En los clubes más grandes hay presión y expectativas, y cuando la expectativa y la realidad empiezan a separarse, pueden aparecer problemas. Sus lesiones han sido decepcionantes, pero le conozco bien. Es un profesional top que quiere jugar y ayudar a su equipo”.
Gyökeres, pese a su temporada descomunal, no se libra de las críticas. “Es un buen ejemplo del fútbol moderno”, apunta Potter. “Desde nuestra perspectiva, ha marcado cuatro goles en dos partidos y nos ha ayudado a ir al Mundial, así que su impacto ha sido significativo”.
El técnico recuerda incluso el primer impacto de Isak en su carrera. Tenía 16 años cuando debutó como profesional con AIK… y marcó precisamente contra el Ostersunds de Potter. Aquella tarde fue una señal. Hoy, ambos se reencuentran en la selección con un objetivo mucho más grande.
Un Mundial desde San Diego, con alma en Estocolmo
La clasificación tardía dejó a Suecia con pocas opciones de base de concentración entre las 48 selecciones. El destino: SDJA, un instituto de San Diego adaptado como cuartel general. No es un resort de lujo, pero Potter no se queja. Destaca la calidad de las instalaciones y pone el foco en un detalle clave: las jugadas a balón parado, que ganan peso en el calor.
La otra gran batalla se libra antes de viajar: la lista. “Las conversaciones más duras las vives como padre y como ser humano”, admite, consciente de la crudeza de dejar a jugadores fuera de un Mundial.
Mientras Inglaterra se instalará en Miami, Suecia opta por algo más íntimo. El plan de Potter pasa por mantener la base en Estocolmo antes del torneo, permitir que los futbolistas pasen tiempo con sus familias y recarguen después de una temporada larga y exigente con sus clubes.
Antes de volar, dos amistosos: Noruega y Grecia. Después, el gran salto: Túnez, el 15 de junio, y el regreso definitivo al mayor escaparate del fútbol.
Potter, que tenía 11 años cuando se quedó hipnotizado viendo a Diego Maradona en México 86, sabe perfectamente dónde está entrando. “Ese fue mi primer recuerdo futbolístico. Ahí me di cuenta de lo especial que es este juego”, recuerda. Hoy, aquel niño que miraba fascinado a la televisión dirige a una selección nacional en un Mundial.
La pregunta ya no es si se ha redimido. La verdadera incógnita es hasta dónde puede llevar a esta Suecia que, por fin, vuelve a soñar.






