Irán rumbo al Mundial 2026: el legado de Beiranvand y la ausencia de Azmoun
Alireza Beiranvand se encamina a otro Mundial como si fuera un destino escrito. Con 33 años y más de 80 partidos con la selección, el guardameta de Tractor parte con clara ventaja para ser el dueño del arco de Irán en 2026, en Estados Unidos, México y Canadá. No es solo experiencia: es jerarquía construida a base de golpes, paradas imposibles y una historia de vida que ya forma parte del imaginario del fútbol iraní.
Hossein Hosseini, desde Sepahan, es el rival más serio por el puesto, un portero sobrio, fiable, que empuja desde atrás. Pero todo indica que deberá aceptar un rol de suplente de lujo. Por detrás, Payam Niazmand (Persepolis) y el joven Mohammad Khalifeh (Aluminium Arak FC) completan una nómina de porteros que mezcla presente y futuro, todos con la misma obsesión: subirse al avión del Mundial, aunque sea como tercer guardameta.
El motor del medio: Ghoddos y Ezatolahi como brújula
En la sala de máquinas, los nombres se repiten y se consolidan. Saman Ghoddos, ahora en Kalba, es mucho más que un mediocampista creativo: es la pieza que conecta la idea de Amir Ghalenoei con la realidad sobre el césped. Su lectura de juego y su capacidad para aparecer entre líneas lo convierten en un jugador imprescindible para Team Melli.
A su lado, Saeid Ezatolahi (Shabab Al Ahli) se perfila como socio ideal. El mediocentro se perdió los amistosos de marzo por una lesión en el pie, pero se espera que llegue a punto para el verano. Su regreso es clave: Irán necesita su presencia física, su primer pase limpio y su experiencia en escenarios de máxima tensión.
Omid Noorafkan (Sepahan) y Mohammad Ghorbani (Al Wahda) aportan oficio y recorrido, dos mediocampistas que conocen el peso de la camiseta nacional y que dan alternativas tácticas a Ghalenoei. Y en medio de tanta veteranía, un nombre nuevo despierta curiosidad: Amir Razzaghinia, joven talento de Esteghlal, que podría ser una de las sorpresas del torneo si el seleccionador le abre la puerta de verdad. Si tiene minutos, puede convertirse en una de las historias frescas de este Irán.
En los costados y la segunda línea ofensiva aparecen más piezas: Mehdi Hashemnejad (Tractor) como opción de banda y profundidad, y un abanico de atacantes y mediapuntas que permiten variar registros.
Taremi, el faro de siempre
Arriba, todo se ordena alrededor de un nombre: Mehdi Taremi. El delantero de Olympiacos llega lanzado hacia su tercer Mundial, con más de 100 internacionalidades y ya más de medio centenar de goles con Irán. Es el líder natural del ataque, el hombre al que todos buscan cuando el partido se enreda.
Taremi llegará al torneo tras otra campaña prolífica en Grecia y con un recuerdo muy vivo: su doblete ante Inglaterra en la derrota 6-2 en Qatar 2022. Ya sabe lo que es marcar en un Mundial, ya sabe lo que es cargar con la responsabilidad en noches grandes. Y volverá a hacerlo.
A su alrededor, Ghalenoei puede rodearlo de dinamita. Alireza Jahanbakhsh, ahora en FCV Dender EH tras sus pasos por la Premier League y la Eredivisie, ofrece desborde, golpeo y experiencia en la banda. Mehdi Ghayedi, desde Al-Nasr, apunta a fijo en la lista, un atacante eléctrico, capaz de romper defensas con un giro o una pared.
La nómina ofensiva se completa con perfiles variados: Ehsan Mahroughi (Foolad), Ali Alipour (Persepolis), Shahriyar Moghanlou (Kalba), Hossein Abarghouei (Persepolis), Mohammad Mohebi (Rostov), Amirhossein Mahmoudi (Persepolis), Ali Gholizadeh (Ekstraklasa), Mehdi Torabi (Tractor) y Amirhossein Hosseinzadeh (Tractor). Todos compiten por minutos, todos saben que el margen de error es mínimo.
La gran ausencia: un Mundial sin Sardar Azmoun
Sobre el ataque de Irán planea, sin embargo, una ausencia que pesa como plomo. Sardar Azmoun, autor de 57 goles en 91 partidos con la selección, está hoy fuera de los planes. No fue citado para los amistosos de marzo tras informaciones que apuntaban a un supuesto acto de deslealtad hacia el gobierno. Nada de esto se ha traducido en una sanción oficial pública, pero los hechos son claros: no estuvo en la última convocatoria y se da por hecho que Irán afrontará el Mundial sin él.
Perder a un delantero con semejantes números es un golpe duro. Azmoun formaba con Taremi una de las duplas más temibles de Asia. Sin él, el peso ofensivo se concentra todavía más en el ‘9’ de Olympiacos y en la segunda línea, obligada a producir goles y soluciones.
Ante este vacío, Ghalenoei ha abierto una puerta distinta: la de Dennis Eckert. El atacante de Standard Liege, de ascendencia iraní, fue llamado para los dos amistosos de marzo en lugar de Azmoun. No llega como salvador, llega como oportunidad. Si responde, puede ganarse un billete al Mundial y un rol importante en la rotación ofensiva.
Beiranvand, del asfalto de Teherán al mito mundialista
La historia de este Irán no se entiende sin volver a la portería. Beiranvand no es solo el favorito para ser titular: es un símbolo. Dejó a su familia nómada con apenas 12 años, durmió en la calle en Teherán y encadenó trabajos de todo tipo mientras perseguía un sueño que parecía imposible: ser futbolista profesional.
Lo logró. Y lo hizo a lo grande. Se adueñó del arco de la selección y firmó una de las imágenes icónicas de Rusia 2018: aquel penalti detenido a Cristiano Ronaldo, la primera vez que Portugal fallaba una pena máxima en un Mundial. Esa parada lo convirtió en héroe nacional y le dio a Irán una identidad competitiva que hoy se mantiene.
En 2026, volverá a estar ahí, con más arrugas, más partidos, más peso en el vestuario. A su espalda, Hosseini como suplente de garantías. Por delante, una defensa que apunta a clásica: línea de cuatro, con Salheh Hardani en el lateral derecho, Milad Mohammadi por la izquierda y una pareja central formada por Shojae Khalilzadeh y Hossein Kanaanizadegan. Un bloque conocido, con automatismos y oficio.
El plan de Ghalenoei: un 4-2-3-1 reconocible
La pizarra del seleccionador parece clara. Irán se perfila para arrancar el Mundial con un 4-2-3-1 reconocible, sin grandes experimentos, apoyado en sus figuras y en la solidez colectiva.
Detrás, Beiranvand bajo palos. Hardani, Khalilzadeh, Kanaanizadegan y Mohammadi componiendo la línea defensiva. Por delante, un doble pivote con Ezatolahi y Ghoddos, mezcla de músculo y talento, sostén del equipo y primer filtro ante las transiciones rivales.
Más arriba, una línea de tres mediapuntas con Jahanbakhsh abierto a un costado, Mehdi Ghayedi al otro y Mohammad Mohebi como tercer hombre ofensivo, todos orbitando alrededor del ‘9’. En punta, solo, pero nunca aislado, Taremi, referencia absoluta.
Once probable de Irán para el Mundial 2026 (4-2-3-1): Beiranvand; Hardani, Khalilzadeh, Kanaanizadegan, Mohammadi; Ezatolahi, Ghoddos; Jahanbakhsh, Ghayedi, Mohebi; Taremi.
Sin Azmoun, con veteranos al límite de su última gran cita y una nueva generación que empuja, Irán se asoma a 2026 con una pregunta incómoda: ¿le alcanzará con su experiencia y su estrella en el área, o este será el Mundial que marque el inicio de un relevo definitivo en Team Melli?






