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Jude Bellingham: de cuestionado a imprescindible en Inglaterra

Durante semanas, incluso meses, se puso en duda algo tan básico como su presencia en la lista de Thomas Tuchel para otro gran torneo internacional. Sonaba exagerado, casi provocador, si se tiene en cuenta lo que ha hecho en Norteamérica. Pero el debate existió. Y Jude Bellingham lo ha triturado con la misma frialdad con la que pisa el área.

La competencia en el puesto de mediapunta era feroz. Morgan Rogers llegaba lanzado para ocupar ese rol de No.10 y, al mismo tiempo, nombres de enorme peso creativo como Phil Foden, Cole Palmer o Morgan Gibbs-White se quedaban fuera. La consecuencia fue inmediata: toneladas de presión sobre el ‘Galáctico’ de Real Madrid. El foco, otra vez, sobre él. La exigencia, también.

Bellingham, que ya dejó su sello con aquella celebración de “who else” en la Eurocopa 2024, ha vuelto a demostrar que vive para las grandes noches. No solo responde: disfruta. Abre debates y los cierra a base de goles. Estrenó su cuenta en el Mundial 2026 marcando el tanto que devolvió la ventaja a Inglaterra en el 4-2 frente a Croacia, un estreno de torneo que no pudo ser más contundente para los Three Lions.

Ese gol no fue un destello aislado. Ante Panamá, en un duelo mucho más espeso, fue él quien rompió el cerrojo y abrió un partido que amenazaba con enquistarse. Y cuando el torneo entró en zona de nervios, en octavos de final contra México, Bellingham decidió que era el momento de adueñarse del relato.

El escenario no podía ser más hostil: altitud, calor, el rugido incesante del Azteca, una selección local empujada por un país entero. Inglaterra ha vivido muchas noches incómodas en Mundiales; esta podía ser una más. Pero llegó el arreón. Un doblete relámpago de Bellingham, dos golpes secos en un estadio que respiraba contra ellos, cambió la historia del partido y firmó una de las victorias más poderosas de Inglaterra en la Copa del Mundo.

Con solo 23 años, Bellingham se ha instalado en ese territorio reservado a los futbolistas capaces de alterar un encuentro con una sola acción. Como en su día Paul Gascoigne. Como Wayne Rooney. Jugadores que no solo participan: moldean el partido a su antojo.

Desbordado a preguntas sobre si Jude ya se mueve en esa dimensión, el exdefensa inglés Walker, en declaraciones a GOAL, no dudó: “Llega a la fiesta en los partidos importantes, en los momentos importantes. Eso es lo que hacía Rooney, eso es lo que hacía Gazza, eso es lo que hacen todos los grandes jugadores”. No lo dijo como una comparación ligera, sino como una constatación de jerarquía.

Walker fue más allá al describir el físico del centrocampista de Real Madrid. Lo definió como “un atleta supremo”, probablemente “el mejor atleta del mundo” por la combinación de resistencia y potencia que mantiene del primer al último minuto. Un motor inagotable con una idea fija cuando pisa el área: ir a marcar. No entrar para figurar, no para arrastrar marcas, sino para decidir.

Ese instinto, subrayó el exinternacional, libera al resto, incluso a un goleador histórico como Harry Kane. Con Bellingham, el peso del gol no recae solo en el capitán. “En cada partido que juega, va a buscar el gol”, remarcó Walker. Su potencia, su atletismo y su voluntad de ganar lo han colocado, a ojos de muchos, en la conversación de los mejores del planeta.

Pero el físico no explica todo. Hay un componente de carácter que lo empuja hacia la luz cuando otros se esconden. Preguntado por si Bellingham disfruta cuando los focos le apuntan de frente, Walker no titubeó: “Definitivamente. Es el hombre principal. Se recrea en intentar ser el hombre principal. Eso es lo que le inspira. Quiere ser el presumido, el ‘cabezón’”.

Ahí entra en juego una palabra incómoda para muchos deportistas, pero esencial en la élite: arrogancia. Esa fina línea entre la confianza desbordante y la chulería vacía. Bellingham camina por ella con naturalidad. Walker lo explicó con crudeza: ser “cabezón” y “presumido” solo sirve si lo demuestras en el césped. Y Jude lo demuestra. Cuando intentas recortarle esa parte de su personalidad, le quitas medio juego.

El exdefensa recordó la otra cara de la moneda: jugadores con una enorme boca fuera del campo, que se pasean como si fueran los mejores del mundo, pero desaparecen cuando llega el sábado y el rival es grande. Con Bellingham ocurre justo lo contrario. No se esconde. No se borra. No se encoge ante la camiseta rival ni ante el ruido del estadio.

En este Mundial, en plena nueva tentativa de Inglaterra por conquistar el título que se le niega desde hace seis décadas, Bellingham se ha negado a desaparecer. Ha dado un paso al frente en los momentos en los que la historia suele pesar más que la camiseta. Si el país pretende cerrar 60 años de heridas este verano, todo apunta a que él estará en el centro mismo de la escena.

Kane, máximo goleador y capitán, mantiene su rol de faro ofensivo. Otros aportan solidez, trabajo silencioso, equilibrio. Pero es ese chico de Birmingham, moldeado con el mismo material competitivo que Rooney y Gascoigne, quien se ha convertido en el motor emocional y futbolístico del equipo.

No solo juega. Impone. Y mientras conserve esa mezcla de talento descomunal, físico privilegiado y una arrogancia que no pide perdón, la pregunta ya no es si merece estar en la selección, sino hasta dónde puede llevarla.