Lewis Ferguson y la decepción de Escocia tras la derrota ante Brasil
La selección de Escocia ha aterrizado en la realidad con un golpe seco. El 3-0 encajado ante Brasil en Miami no solo dejó un marcador duro, también una sensación de oportunidad perdida que Lewis Ferguson no intentó maquillar.
Con tres puntos, una diferencia de goles de -3 y medio Mundial mirando hacia otro lado, el equipo de Steve Clarke se agarra ahora a la calculadora. La clasificación como uno de los ocho mejores terceros pende de un hilo: Escocia es, precisamente, el octavo mejor tercero… y con el peor registro entre sus rivales cuando solo se ha completado la mitad de los 12 grupos. Demasiado frágil para estar tranquilo.
Desde el cuartel general en Charlotte, Carolina del Norte, Ferguson puso palabras al malestar colectivo. Sin rodeos. “Creo que nos decepcionamos un poco a nosotros mismos”, admitió el centrocampista de Bologna, uno de los pocos que ha mantenido el nivel en un torneo que arrancó con un 1-0 ante Haití y se torció con otro 1-0, esta vez en contra, frente a Marruecos antes del golpe brasileño.
La victoria inicial, que parecía un cimiento, hoy se siente casi como un espejismo.
Una espera que escuece
El escenario es incómodo: ya no depende de ellos. “Va a ser nervioso ver algunos de los partidos y estar pendientes de los resultados, y eso no es lo que queremos, no es la posición en la que queremos estar”, reconoció Ferguson. El plan original era simple: hacer el trabajo en el campo, sumar los puntos necesarios y evitar este ejercicio de fe en terceros.
Nada de eso ocurrió. Ahora solo queda mirar la pantalla, hacer cuentas y esperar. “Ahora tenemos que esperar y confiar en que otros resultados vayan a nuestro favor, y sea así o no, es simplemente un juego de espera”, resumió el mediocampista.
En ese contexto, el vestuario necesita jerarquía. Ferguson lo sabe y señala a los veteranos como clave para que el grupo no se desmorone anímicamente. “Este es el momento para que los jugadores más experimentados se acerquen a todos, y creo que tenemos ese tipo de chicos en la plantilla que pueden hacerlo y levantar los ánimos. Tenemos un par de días ahora y tendremos que intentar reconstruir esa positividad”.
No es solo frustración. Es una mezcla densa. “Dolor, rabia, frustración”, así describió Ferguson las emociones que le dejó la noche de Miami. Escocia había llegado a la cita con la intención clara de pelear la clasificación. “Queríamos darnos la oportunidad de pasar, lo hemos hecho consiguiendo los tres puntos, pero creo que en los últimos dos partidos probablemente nos decepcionamos un poco”, admitió.
Calidad, pero a medias
El discurso de Ferguson no se refugia en excusas, aunque reconoce el nivel del rival. “Queríamos lograr mejores resultados, aunque nos hemos enfrentado a equipos de máximo nivel y es realmente difícil. Pero tenía plena confianza en que tenemos la calidad dentro de la plantilla para sacar resultados contra este tipo de equipos y, por desgracia, nos hemos quedado cortos”.
Ese “quedarse cortos” tiene una cifra que pesa como una losa: la diferencia de goles. Ese -3 puede ser el detalle que cierre la puerta a la historia. “Esos primeros tres puntos pueden ser útiles, pero la sensación ahora mismo es que la diferencia de goles probablemente no nos deja en una buena posición”, reconoció.
Escocia ha mostrado destellos, pero solo eso: chispazos. Nunca un partido completo. Y Ferguson sabe que, si llega el premio de la clasificación, el margen de error desaparecerá. “Creo que hemos mostrado por momentos que podemos ser un muy buen equipo, pero nunca hemos tenido esa actuación completa de 90 minutos, que vamos a necesitar si llegamos a las rondas de eliminación directa”.
Allí no hay red de seguridad. “No hay segundas oportunidades. Tienes que estar enchufado los 90 minutos, y cualquier despiste o cualquier error puede costarte, especialmente a este nivel”.
El diagnóstico es claro: “Necesitamos mejorar. Sabemos que tenemos que mejorar en muchos aspectos”. No lo dice como una frase hecha, sino como una obligación inmediata. El tiempo es mínimo, el margen aún menor. “Intentaremos corregir esas cosas en los próximos días y, si tenemos la oportunidad de pasar a la siguiente ronda, entonces tendremos que ser mejores si queremos seguir avanzando”.
El reloj corre, los otros grupos decidirán el destino de Escocia. La pregunta ya no es solo si les alcanzará para entrar en las eliminatorias. Es otra, más incómoda: si llega esa oportunidad, ¿será esta selección capaz, por fin, de jugar esos 90 minutos completos que tanto se echa en falta?





