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Mundial 2026: Messi, Mbappé y Ronaldo en el centro de atención

El Mundial 2026 ya está desatado. Las grandes figuras han tardado muy poco en reclamar el foco: Lionel Messi, Kylian Mbappé, Erling Haaland… y ahora también Cristiano Ronaldo, que se ha apuntado a la fiesta con una actuación quirúrgica ante Uzbekistán. El formato de 48 selecciones generó dudas durante años; el césped las está disipando a base de sorpresas. Cabo Verde, Japón, Egipto y varias selecciones de segundo y tercer escalón están empujando el torneo hacia un territorio nuevo: más abierto, más imprevisible, mucho más competitivo.

En medio de ese ruido, una certeza: Argentina se comporta como campeona. Y Messi, a los 39 años, juega como si el tiempo le perteneciera.

Messi, la eternidad en botas

Sandesh Jhingan, referente del fútbol indio e integrante del panel de expertos de Zee5 para este Mundial, lo resume con una mezcla de admiración y experiencia propia. Lo que le asombra no es solo el brillo, sino la constancia.

Para él, la mayor virtud de un deportista de élite no es un regate ni un disparo, sino la capacidad de sostener el nivel durante años. Messi encarna eso. Cinco goles en dos partidos, con hat-tricks, dobles, y esa sensación de que cada vez que toca la pelota puede pasar algo definitivo.

Jhingan recuerda una imagen que lo marcó durante una transmisión: una aficionada de 100 años en la grada, completamente embelesada. La escena le disparó una idea muy simple: Messi devuelve a la gente a la infancia. “Esa señora de 100 años debió sentirse como una niña de 10 viéndolo jugar”, describe. Esa es la dimensión del argentino: no solo decide partidos, rejuvenece a quien lo mira.

Una muralla que libera al genio

Detrás de ese Messi desatado hay una estructura que respira fútbol moderno. Argentina aún no ha encajado un solo gol y Jhingan no tiene dudas: el sistema explica buena parte del fenómeno.

Se rinde ante el trabajo del cuerpo técnico. Destaca cómo el equipo alterna registros sin perder orden: a veces se repliega y espera, otras se instala en un bloque medio, pero siempre compacto, siempre corto. El plan es claro: que Messi viva lo más arriba posible, lejos del desgaste defensivo, cerca de la zona en la que una sola acción rompe un partido.

Defensas y centrocampistas lo tienen asumido. Su misión es ganar el balón y entregarlo rápido al 10. Hay una fe casi ciega en que, si la pelota pasa por sus pies, algo distinto va a ocurrir. Esa convicción, señala Jhingan, contagia seguridad a todo el vestuario.

¿Dependencia de Messi? Que siga así

La actuación de Lautaro Martínez ante Austria fue un buen ejemplo de ese engranaje coral: presión, ayudas defensivas, desmarques constantes, un despliegue total. Aun así, la crítica se ha fijado en un punto: los delanteros no están marcando tanto como se esperaba y el peso goleador recae en Messi.

Jhingan no ve el problema. Si fuera jugador o aficionado argentino, no le molestaría que se hable de “dependencia de Messi” mientras el equipo gane. Y Argentina gana. Gana porque el sistema sostiene al talento.

Insiste en que la selección no vive solo del genio. Vive de una organización férrea, de una disciplina defensiva que le permite elegir cuándo replegar, cuándo ir a morder arriba y cómo condicionar el partido para que sus atacantes, con Messi a la cabeza, lo definan. Los resultados le dan la razón: clasificación encarrilada y una sensación de control que pocos pueden presumir en este Mundial.

Mbappé, el hombre de los grandes escenarios

La conversación, inevitablemente, se desplaza hacia Kylian Mbappé. Sus cifras en torneos grandes ya son de otra dimensión. Con 27 o 28 años, se mueve en un territorio reservado a muy pocos.

Jhingan pone el listón alto. Explica que medir a Mbappé pasa por compararlo con los dos gigantes de las últimas dos décadas: Messi y Ronaldo. Ellos marcaron el estándar. Para entrar en ese club, el francés deberá sostener este ritmo durante muchos años más.

Pero el defensa indio ve en él todos los ingredientes: talento, velocidad, olfato y, sobre todo, una capacidad especial para subir un escalón cuando aparece la palabra “World Cup”. Lo vio en 2018, lo vio en 2022. Cada vez que llega un Mundial, Mbappé se transforma. Ese es el sello de los grandes: cuando el escenario se agranda, ellos también.

Lamine Yamal, el uno contra uno que nadie quiere sufrir

Otro nombre que ya se ha instalado en el torneo es Lamine Yamal. No siempre titular, no siempre los 90 minutos, pero cada aparición deja huella. Jhingan, defensor al fin y al cabo, lo mira desde la trinchera.

Su diagnóstico es claro: en el mano a mano, la mayoría de las veces te va a superar. Es el tipo de jugador por el que la gente paga una entrada, porque convierte cada duelo en un pequeño espectáculo.

Sin embargo, avisa del error que cometen muchos defensas: creer que todo se reduce a ganar el duelo individual. Puedes neutralizar a un delantero durante casi todo el partido y, en una sola acción, un tiro desviado o un rebote cambian el relato. “El titular dirá que él ganó la batalla”, apunta.

Por eso, su enfoque pasa por otra vía: reducir al mínimo el número de veces que Lamine recibe en condiciones de encarar. Mantener al equipo compacto, cerrar líneas de pase, obligar a que la pelota no le llegue limpia. Eso implica a todos: delanteros que presionan, centrocampistas que saltan, una defensa adelantada. No se trata de ganar cada duelo, sino de que haya menos duelos que ganar.

Ronaldo, el debate eterno

El otro foco candente se llama Cristiano Ronaldo. Su edad, su rendimiento reciente, la pregunta recurrente: ¿debe seguir siendo titular?

Jhingan no se esconde y lanza una opinión contundente. A su juicio, buena parte del debate viene de gente que nunca ha jugado al máximo nivel. Recuerda algo obvio pero a menudo olvidado: la decisión final pertenece al seleccionador, Roberto Martínez. Si el técnico considera que Ronaldo está para jugar, jugará.

El defensa indio subraya además un patrón que se repite con las grandes estrellas, Messi incluido: el foco sobre ellos es inagotable. Si marcan, se alimenta la leyenda. Si pasan un partido sin gol, resurgen los cuestionamientos sobre la edad, el físico, el contexto.

Jhingan recurre a los hechos recientes: Ronaldo fue máximo goleador en la liga saudí y firmó muchos tantos en la fase de clasificación. Datos que, según él, se olvidan con demasiada facilidad cuando llegan las críticas.

Bota de Oro: una carrera de gigantes

Con el torneo todavía en su fase inicial, la carrera por la Bota de Oro ya tiene nombres propios. Jhingan ve un pulso principal entre Messi y Mbappé, con Haaland como tercer vértice de un triángulo soñado por cualquier organizador.

Messi, con cinco goles en solo dos partidos, se ha escapado pronto. Pero el defensor indio no descarta un giro. Cree que Ronaldo puede “abrir su cuenta a lo grande” en cualquier momento, sobre todo cuando percibe dudas a su alrededor. Lo conoce el fútbol: pocas cosas motivan más a Cristiano que la sensación de estar cuestionado.

El escenario, en cualquier caso, es ideal para el espectador: más goles, más historias, más noches en las que una estrella puede cambiar el rumbo del torneo con un solo partido perfecto.

Japón, la apuesta del corazón

Cuando se le pide que señale un favorito al título, Jhingan admite sin rodeos su sesgo. Su corazón va con Japón. Quiere ver a una selección asiática llegar lo más lejos posible y, si debe elegir, apuesta por el equipo nipón.

Sabe que Argentina y otras potencias siguen marcando el paso, pero se aferra a la ilusión de una irrupción asiática en las rondas finales. No es una predicción fría, es un deseo. Y en un Mundial que ya ha roto varios moldes, nadie se atreve a descartarlo.

El torneo apenas ha empezado y los grandes nombres ya mandan. Al mismo tiempo, las “pequeñas” selecciones reclaman su espacio. Si esta es solo la apertura, ¿hasta dónde puede llegar este Mundial cuando la presión apriete de verdad y los gigantes empiecen a tropezar?

Mundial 2026: Messi, Mbappé y Ronaldo en el centro de atención