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PSG sentencia la Ligue 1 con triunfo en Lens

En un partido que olía a final anticipada, PSG volvió a explicar por qué sigue siendo el patrón absoluto del fútbol francés. Jornada 29, duelo aplazado, primero contra segundo, y una ecuación sencilla: si los parisinos ganaban en el campo de Lens, el título quedaba matemáticamente resuelto. No temblaron. 2-0, trabajo impecable y otro trofeo rumbo al Parc des Princes.

El encuentro se jugó con la tensión de las grandes noches. Lens, empujado por su estadio, salió decidido a alargar la intriga del campeonato hasta el último suspiro de la temporada. PSG, en cambio, se plantó con la serenidad de quien sabe que domina el escenario. Sin estridencias, sin necesidad de un vendaval ofensivo. Control, paciencia, colmillo.

El golpe llegó de la bota de un futbolista acostumbrado a los focos. Khvicha Kvaratskhelia, una vez más, se comportó como uno de los atacantes más determinantes de Europa. Silenció a la grada con el tanto que abrió el marcador y cambió el aire del partido. A partir de ahí, cada minuto que pasaba pesaba un poco más sobre los hombros de Lens.

El equipo local no se rindió. Buscó el empate con insistencia, consciente de que cualquier opción de estirar la lucha por el título pasaba por encontrar un gol. Pero se topó con un muro. Matvey Safonov firmó una actuación de portero campeón: cuatro paradas de altísimo nivel, de esas que valen puntos, títulos y portadas. Cada intervención fue un jarro de agua fría para las esperanzas del segundo clasificado.

La presión de Lens se fue convirtiendo en ansiedad. El tiempo corría, PSG se protegía con oficio y la sensación era clara: si alguien marcaba, serían los visitantes. Y así fue. Ya en el tiempo añadido, cuando el reloj empujaba al desenlace, apareció Ibrahim Mbaye para cerrar la noche. El joven talento parisino remató la faena con el 0-2 y puso la firma definitiva al campeonato. Gol y consagración en un mismo gesto.

Ese tanto no solo certificó un triunfo. Selló un hito histórico para el club. Con esta Ligue 1, PSG encadena cinco títulos consecutivos y supera su propia marca de cuatro ligas seguidas logradas entre 2012 y 2016. Una nueva era dorada dentro de una hegemonía que ya parecía difícil de ampliar.

El dominio tiene nombre y fecha de inicio: Qatar Sports Investments. Desde la llegada de QSI en agosto de 2011, el club ha levantado 12 títulos de liga en 15 temporadas. Una cifra que habla de proyecto, músculo financiero, pero también de una regularidad casi implacable. No es solo ganar; es convertir el campeonato doméstico en un terreno familiar.

Las estadísticas lo subrayan con crudeza. PSG suma ya 14 títulos de la máxima categoría francesa, cuatro más que el histórico Saint-Étienne. La distancia ya no es solo deportiva, también es simbólica. El libro de récords se escribe con tinta parisina.

En este periodo, solo tres equipos han logrado romper el cerco: el Montpellier de Olivier Giroud en 2012, el Monaco de Kylian Mbappé en 2017 y el Lille de 2021. Tres excepciones en década y media. Tres sacudidas aisladas en un paisaje dominado por el mismo escudo. La actual racha de cinco ligas seguidas sugiere que la brecha con el resto nunca había sido tan amplia.

El título está decidido, pero la Ligue 1 no ha bajado el telón. PSG y Lens ya tienen asegurado su billete para la nueva fase de liga de la próxima Champions League, con 76 y 67 puntos respectivamente. Detrás, la batalla es feroz.

Lille ocupa ahora mismo la tercera plaza con 61 puntos. Lyon acecha con 60. Rennes, con 59, no se despega. Tres equipos en apenas dos puntos, un sprint final por dos puestos que valen mucho más que un simple objetivo estadístico: acceso directo a la élite europea, prestigio, ingresos, capacidad para retener estrellas y atraer nuevas figuras.

Mientras París celebra otro título y añade una copa más a un museo que ya empieza a quedarse pequeño, el resto del país pelea por no quedar reducido al papel de comparsa. La pregunta ya no es si alguien puede arrebatarle una liga a PSG este año. La cuestión es quién será capaz de romper, algún día, este ciclo que parece no tener fin.