Celtic mantiene viva la defensa del título tras remontada épica
Kelechi Iheanacho desata el delirio y mantiene viva la defensa del título de Celtic en un final de locura.
El William Hill Premiership vive una carrera por el título que ya roza lo inverosímil. Y en Fir Park, en una noche que Motherwell creyó suya durante largos tramos, Kelechi Iheanacho escribió otro giro brutal del guion: penalti, revisión del VAR, minuto 99 y una remontada 3-2 que mantiene a Celtic aferrado a su corona y sacude de nuevo la cima del fútbol escocés.
Un penalti, un monitor y un suspiro
La jugada que lo cambió todo nació en un balón colgado al área cuando el reloj ya arañaba el final de los cinco minutos añadidos. Sam Nicholson, excentrocampista de Hearts, saltó para despejar de cabeza. El balón impactó en su mano, levantada justo delante del rostro. Andrew Dallas, desde la sala del VAR, llamó al colegiado John Beaton. Fir Park contuvo la respiración.
Beaton corrió hacia el monitor. Segundos eternos. Señaló el punto de penalti.
Frente al murmullo, la presión y el contexto de un título en juego, Iheanacho no tembló. Carrera corta, golpe seco y balón a la red. Gol. 3-2. Estallido visitante, invasión de campo de los hinchas de Celtic y un giro más en un campeonato que no concede tregua.
Hasta ese instante, Celtic parecía condenado a viajar hacia un desenlace agónico. El campeón vigente se veía abocado a un último partido ante Hearts en Celtic Park con la obligación de ganar por tres goles para levantar el título. No encontraba el camino al gol decisivo. No encontraba aire. El VAR se lo dio.
De héroe de Hearts… a regalo envenenado
La ironía del destino se cebó con Hearts a través de dos viejos conocidos. Primero apareció Liam Gordon, también exjugador del conjunto de Tynecastle, que firmó el 2-2 en el minuto 85 y pareció ofrecerle a su antiguo club un regalo de campeonato.
Su tanto pintaba un escenario ideal para Hearts: Celtic necesitaba entonces una goleada en la última jornada, un margen de tres tantos ante los de Derek McInnes, para arrebatarles el liderato. Fir Park rugía, Motherwell soñaba con Europa y en Edimburgo empezaban a imaginar la fiesta definitiva.
Pero el fútbol rara vez respeta los bocetos previos. El penalti señalado a Nicholson, otro ex de Hearts, borró de un plumazo la ventaja estratégica que Gordon había dado a su antiguo equipo. De héroe indirecto a villano involuntario en apenas unos minutos.
Motherwell pasa del sueño europeo al vértigo
Para Motherwell, la noche se transformó de celebración anticipada a mazazo en cuestión de instantes. Con el 2-2 y el reloj consumiéndose, el equipo se veía ya con billete europeo. El penalti de Iheanacho no solo les arrebató un punto, también les cambió el horizonte.
El golpe se hizo aún más duro con las noticias que llegaban desde Ibrox: un gol tardío de Hibernian completaba la tormenta perfecta. De verse en Europa a depender de un resultado final a vida o muerte.
Ahora, Motherwell tendrá que evitar la derrota en Easter Road este sábado para asegurar la cuarta plaza. Un desenlace cruel para un equipo que rozó la épica y acabó atrapado por la brutalidad matemática del tramo final de temporada.
Hearts cumple en casa y mantiene el mando
Mientras todo esto sucedía en Lanarkshire, en Tynecastle se jugaba otro capítulo clave. Hearts sabía que una victoria en su último partido en casa los dejaba a un paso de ser campeones de Escocia por primera vez desde 1960. Había una condición: que Celtic pinchara en Motherwell.
La segunda parte del plan se les escapó en el último suspiro, pero el equipo de Derek McInnes hizo su trabajo con una autoridad fría. Victoria 3-0 ante un Falkirk mermado y un mensaje claro: no piensan regalar nada.
Frankie Kent y Cammy Devlin golpearon pronto, ambos en la primera parte, para aplacar los nervios y encarrilar una tarde que podía haber sido histórica ya sobre el césped. El tanto de Blair Spittal cerca del final cerró la goleada y selló un registro que habla del carácter de este Hearts: temporada completa invicto en casa en la máxima categoría, algo que no lograban desde la campaña 1985-86.
Tynecastle fue una caldera, consciente de que el título no se decidiría todavía, pero también de que el equipo llega al duelo definitivo en Celtic Park con una ventaja mínima, pero real: un punto al frente de la tabla.
Un título para 90 minutos
El escenario ya está montado. Hearts llegará a Glasgow con una consigna tan simple como brutal: no perder. Un empate en Celtic Park les dará el campeonato y romperá una sequía que se remonta a 1960. Cualquier derrota abrirá la puerta a Celtic, que ha demostrado una vez más que, por muy acorralado que parezca, siempre encuentra una vida extra.
Celtic, empujado por su estadio y por la inercia de una remontada agónica en Fir Park, sabe qué debe hacer: ganar. Sin cálculos, sin red. Noventa minutos para rescatar una defensa del título que hace apenas unos días muchos daban por perdida.
Hearts, sólido, invicto en casa, pero obligado ahora a demostrar su temple en el ambiente más hostil posible. Celtic, campeón herido que se niega a soltar la corona.
Queda un partido. Un punto. Y un país entero pendiente de un último giro de guion. ¿Quién se atreverá a parpadear primero en Celtic Park?





