Ronwen Williams y el desafío de Bafana Bafana en el Mundial 2026
En Atlanta, a miles de kilómetros de casa, Ronwen Williams se prepara para uno de los partidos más importantes de su carrera. No solo por lo que hay en juego ante Czechia en el Grupo A del Mundial 2026. También porque, mientras ajusta los guantes, pelea otra batalla: la del odio que le llega desde el teléfono.
El capitán de Bafana Bafana se ha convertido en blanco de una ola de insultos y ataques en redes sociales. De su propia afición. Y de hinchas de otros países africanos que han decidido convertir a la selección sudafricana en símbolo de la rabia contra la postura antiinmigración del país.
Todo en la víspera de un día cargado de ironía: el duelo ante Czechia coincide con el Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio.
Un sueño mundialista manchado por la política
Para buena parte de esta generación, el Mundial era la oportunidad largamente esperada. Muchos eran apenas adolescentes cuando Sudáfrica organizó la Copa del Mundo en 2010. Catorce años después, su regreso al gran escenario se ha torcido rápido.
La derrota por 2-0 ante México en el Azteca, en el partido inaugural, no solo dañó el camino deportivo. Encendió la mecha del abuso digital. La mala actuación fue el primer pretexto. La política hizo el resto.
El servicio de protección en redes sociales de la FIFA reveló que los jugadores de Bafana Bafana están sufriendo niveles de abuso sin precedentes en este torneo. Los incidentes detectados en apenas una semana de competición ya superan los registrados durante todo el Mundial de Qatar 2022. Un dato escalofriante, revelado en el National Center for Civil and Human Rights, a pocos kilómetros del Atlanta Stadium, donde Sudáfrica se jugará su futuro inmediato.
La postura antiinmigrante que domina hoy el debate político en el país ha echado gasolina al fuego. Lo que empezó como crítica deportiva se ha convertido en un fenómeno mucho más oscuro, con el capitán en el centro de la diana.
March and March, Ramaphosa y el eco en el vestuario
El ruido no nace solo en las gradas virtuales. El movimiento March and March, que se define como “un movimiento ciudadano de base que aborda la creciente preocupación por la inmigración indocumentada en Sudáfrica”, ha elevado el tono hasta tal punto que el propio presidente Cyril Ramaphosa se vio obligado a dirigirse a la nación para anunciar medidas sobre las fronteras.
El grupo ha fijado el 30 de junio como fecha límite para que los migrantes indocumentados abandonen el país. No han detallado qué ocurrirá después, pero las imágenes de sus marchas dejan entrever un escenario de posible violencia.
Mientras algunos gobiernos facilitan repatriaciones voluntarias, en el resto del continente se ha instalado un fenómeno inquietante: aficionados que “ven con odio” los partidos de Bafana, esperando el tropiezo, celebrando cada error. Y, con ello, la proliferación de noticias falsas.
Entre ellas, una cita inventada de Williams que llegó incluso a medios de prestigio, en la que supuestamente lamentaba que africanos apoyaran a México y aseguraba que el equipo “casi derramó una lágrima”. Nada de eso salió de su boca.
“Sabemos lo difícil que es ahora en las redes sociales, donde todo el mundo te ataca”, reconoció el guardameta. “A veces es por información falsa. Si pierdes un partido y no rindes, como jugadores puedes aceptarlo. Puedes levantar la mano. Pero cuando hay información falsa circulando, eso sí duele”.
Williams lo dejó claro: “He sido objetivo en los últimos días por cosas que no dije. No dije nada sobre África, ni sobre gente apoyando a México. Siempre he dicho que, como África, somos uno. Nos apoyamos en los buenos y en los malos momentos”.
El capitán también admitió el peso emocional de ver cómo el debate político los arrastra: “He sido atacado… mi país también, por cosas que están pasando en casa”.
Viejas heridas, nuevas consecuencias
No es la primera vez que Bafana Bafana paga en el césped el precio de la tensión xenófoba en Sudáfrica. En 2019, Madagascar y Zambia se negaron a disputar amistosos por la oleada de ataques contra extranjeros en el país. Aquello dejó al entonces seleccionador Molefi Ntseki sin preparación real antes de las eliminatorias para la Copa Africana de Naciones 2021.
El desenlace fue duro: Sudáfrica no se clasificó, tercera en un grupo con Ghana, Sudán y São Tomé y Príncipe. Seis años después, el patrón se repite con otro rostro. Ya no son las federaciones las que se apartan. Son aficionados de todo el continente los que descargan su frustración directamente sobre los jugadores.
“Los jugadores también somos seres humanos. Lo vivimos. A veces se hace demasiado”, confesó Williams. “Quieres centrarte en hacer tu trabajo, que es ser futbolista, pero terminas metido en política aunque no quieras estar en ese espacio”.
“Dejemos la política a los políticos”
En medio de ese clima, el capitán se aferra a lo que todavía une. “Lo maravilloso del deporte es que puede unir, puede hacerte o romperte. Puede juntar a la gente”, dijo.
En Atlanta, Williams mira alrededor y ve una imagen que contrasta con el ruido digital: “Veo a tantos africanos… tantos sudafricanos y gente de México, en una misma sala. Esa es la belleza del deporte. Esa es la belleza del fútbol”.
Su mensaje es sencillo, casi un ruego: “Disfrutemos y pasémoslo bien, y dejemos la política a los políticos. Dejemos que nosotros juguemos al fútbol y nos divirtamos. Criticadnos por lo que pasa en el campo, pero las cosas fuera del campo… no podemos manejarlas y no tienen nada que ver con nosotros. Como africanos, unámonos y sigamos adelante, porque estamos todos juntos en esto”.
Bloquear el ruido, escuchar al vestuario
La realidad, sin embargo, es que el ruido no va a desaparecer. Y dentro del grupo lo saben. “Por triste que suene, los jugadores lo han aceptado, que así es el mundo ahora”, admitió Williams.
El equipo ha tenido reuniones para abordar el tema. Ahí aparece una figura clave: Hugo Broos. La experiencia del seleccionador se ha convertido en un ancla. “Tienes un entrenador experimentado, el coach Hugo, que dice que lo más importante es analizar el partido. Eso es lo más importante: bloquear el ruido, centrarnos en cómo podemos mejorar, aprender de los errores y mantenernos unidos como equipo”.
Williams lanza una advertencia que vale para cualquier profesional de élite en la era de las redes: “Si vas a escuchar la opinión de un millón de personas, vas a perder la cabeza. En este momento, el comentario más importante y la persona a la que hay que escuchar es nuestro entrenador y el cuerpo técnico. Él nos conoce, y nosotros lo conocemos a él. Conoce nuestras fortalezas y debilidades”.
El mensaje interno es de trinchera compartida: “Estamos ahí los unos para los otros. Vinimos aquí juntos y nos iremos de aquí juntos. Así que mantengámonos unidos como equipo y sigamos concentrados”.
Un partido que puede cambiar un Mundial
En lo estrictamente futbolístico, el cruce ante Czechia puede marcar el destino de Bafana Bafana en este Mundial. Los dos primeros de cada grupo avanzan de forma directa a octavos, y se suman los ocho mejores terceros de los 12 grupos. Cada punto cuenta. Cada gol puede pesar.
La ruta sudafricana se definirá tanto por lo que ocurra en el césped como por la capacidad del grupo para blindarse del odio que llega desde fuera y de la crítica feroz que retumba desde casa.
Entre el eco de las consignas políticas, las amenazas veladas de grupos de presión y los insultos anónimos en un timeline infinito, Williams y sus compañeros se enfrentan a una pregunta incómoda: ¿podrá el fútbol, esta vez, imponerse al ruido y devolver a Bafana Bafana al lugar que sueña una generación entera?






