El VAR salva al Celtic y mantiene viva la defensa del título
Kelechi Iheanacho tardó nueve minutos de añadido en decidir una noche que puede marcar una era. Un penalti revisado por el VAR, ejecutado con sangre fría, sostuvo la defensa del título del Celtic y añadió otro giro salvaje a la carrera por la Premiership más dramática en décadas.
El delantero nigeriano convirtió desde los once metros cuando el reloj ya se había pasado del tiempo señalado, después de que el árbitro John Beaton revisara en el monitor una mano de Sam Nicholson. El excentrocampista de Hearts saltó para despejar de cabeza, pero el balón impactó en su brazo levantado, justo delante de su rostro. La imagen fue suficiente para Andrew Dallas en la sala de videoarbitraje. Y para condenar a Motherwell.
Hasta ese momento, otro viejo conocido de Tynecastle parecía ser el héroe del día… para Hearts. Liam Gordon, también ex de Hearts, había igualado en el minuto 85 y dejaba al Celtic abocado a un último partido de infarto: necesitaba vencer a Hearts por tres goles en la jornada final. El campeón no encontraba el camino. Fir Park rugía. El título se inclinaba hacia Edimburgo.
Entonces llegó la llamada del VAR. Y todo cambió.
Beaton señaló el punto de penalti. Iheanacho no tembló. Gol, invasión de campo de los aficionados visitantes y un suspiro colectivo de alivio en el fondo verde y blanco. El Celtic se marcha ahora al sábado con una ecuación sencilla: si vence a Hearts, será campeón.
Motherwell roza Europa… y se desploma en segundos
La crueldad de la noche no se quedó en la pelea por el título. Motherwell, durante unos instantes, se veía en Europa. El penalti en contra no solo les arrancó un punto, también se vio agravado por el gol tardío de Hibernian en Ibrox. El golpe es doble: para asegurar la cuarta plaza, el equipo del Lanarkshire tendrá que evitar la derrota en Easter Road el sábado.
El escenario ya traía fantasmas para el Celtic. La última visita de Martin O’Neill a Fir Park como técnico celta, en la temporada 2004-05, terminó con el título escapándose en los últimos minutos, cuando un doblete de Scott McDonald entregó la gloria a Rangers. O’Neill regresaba al mismo estadio, al mismo tipo de tensión, y durante buena parte del encuentro pareció condenado a revivir aquella pesadilla.
Motherwell, que lucía sus colores originales azules para conmemorar su 140º aniversario, salió con una energía acorde a la fecha. Dominó el arranque y golpeó pronto. En el minuto 17, Elliot Watt cazó un balón a 22 metros y lo empalmó con violencia. Un disparo seco, imparable, que abrió el marcador y encendió aún más a la grada.
El Celtic se tambaleó. La ansiedad se palpaba en el sector visitante mientras, a kilómetros de allí, Hearts hacía su trabajo: dos goles en Tynecastle en camino a un 3-0 que ponía una montaña delante del campeón. El equipo de Glasgow no encontraba ritmo, ni pases, ni calma.
Maeda despierta al campeón
El alivio llegó desde la banda izquierda. Daizen Maeda primero avisó con una media ocasión que se marchó desviada. Poco después, en el minuto 41, afinó la mira. Callum Slattery llegó al cruce para frenar a Yang Hyun-jun, pero el rebote favoreció al japonés, que no perdonó: disparo cruzado y gol tras besar el poste. Un tanto feo en la gestación, precioso en su efecto. El Celtic, por fin, respiraba.
El descanso no llegó sin sobresaltos. Arne Engels casi firma una obra de arte al picar el balón por encima del portero y estrellarlo en el larguero, justo después de un choque entre Maeda y el guardameta Calum Ward tras un balón bombeado de Callum McGregor. Motherwell olía sangre en cada transición.
Tras el intermedio, el Celtic adelantó líneas y apretó. Pero dejó espacios. Slattery encontró una autopista por la izquierda para Elijah Just. El internacional neozelandés encaró, recortó hacia dentro ante Auston Trusty, pero perdió algo el equilibrio y dio tiempo a la recuperación de McGregor, que apareció con una entrada providencial dentro del área.
Motherwell no se conformó. Encadenó una jugada de pases que desarmó al campeón, solo para que Slattery, al borde del área, se resbalara justo cuando armaba el disparo. Fir Park se llevó las manos a la cabeza.
Nygren golpea desde lejos, Gordon castiga… y el VAR dicta sentencia
Cuando el partido parecía entrar en una fase de contención por parte del Celtic, Benjamin Nygren encendió la noche. Minuto 58, defensa del Celtic replegada, pocos huecos. El sueco no necesitó ninguno: controló a 25 metros y soltó un derechazo que sorprendió a todos. Golazo. De la nada.
Con el factor diferencia de goles ya fuera de la ecuación —al Celtic solo le valía sumar los tres puntos—, el campeón intentó enfriar el juego y contener las oleadas locales. No lo consiguió. Motherwell olió la inseguridad y se fue arriba.
Watt rozó el tercero con un disparo desviado que se estrelló en el larguero, y en la continuación Tawanda Maswanhise conectó un cabezazo que Viljami Sinisalo atrapó sobre la línea. El guardameta del Celtic sostuvo a los suyos con otra parada magnífica a disparo de Just, pero la resistencia se quebró cuando Maswanhise fue dos veces bloqueado y el balón cayó en los pies de Gordon. Esta vez, el central no perdonó.
Fir Park se convirtió en un torbellino. El 2-2 parecía poco para un Motherwell que olía el triunfo y la clasificación europea. El Celtic, en cambio, se veía abocado a ese escenario cruel de la última jornada, obligado a golear a Hearts. Cada balón dividido era una batalla. Cada segundo, un recordatorio del título en juego.
Motherwell siguió empujando. Parecía más cerca el 3-2 local que cualquier reacción visitante. Y, sin embargo, el fútbol escocés lleva semanas escribiendo un guion que desafía la lógica.
Se habían consumido ya los cinco minutos de añadido cuando el juego se detuvo. Comunicación en el auricular de Beaton. Señal al monitor. Silencio tenso en la grada. La repetición mostró el salto de Nicholson, el balón golpeando su mano levantada. Penalti.
La decisión desató la furia local y la esperanza visitante. Iheanacho tomó el balón, aislado en medio del ruido. Carrera corta, golpe seco, gol. El título sigue vivo. Motherwell se derrumba.
El sábado espera Hearts. Un solo mensaje para el Celtic: ganar o perderlo todo. ¿Quién se atreve ahora a apostar cómo acabará esta temporada?






