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El impacto del calor extremo en el Mundial 2026

El Mundial se juega al límite: seis partidos ya se disputaron con calor que el sindicato de futbolistas considera “peligroso”.

La Copa del Mundo que recorre Estados Unidos, México y Canadá ha arrancado con un protagonista incómodo y silencioso: el calor extremo. Un análisis de los primeros 24 partidos del torneo revela que dos encuentros se disputaron con un nivel de estrés térmico que, según el sindicato internacional de jugadores Fifpro, debería bastar para retrasar o incluso suspender los duelos. Otros cuatro se jugaron en ciudades que superaban también ese umbral, aunque el aire acondicionado en los estadios suavizó las condiciones sobre el césped.

El choque entre Arabia Saudita y Uruguay en Miami encabeza la lista de partidos más castigados por el calor entre los estrenos de cada selección. El siguiente en esa clasificación, entre los estadios sin climatización, fue el Suecia–Túnez en Monterrey. Ambos, pese a ser encuentros nocturnos, se jugaron con temperaturas de bulbo húmedo de 28 ºC o más.

Ese número no es un simple dato técnico. Para Fifpro, 28 ºC de bulbo húmedo es la línea roja: a partir de ahí, el organismo ha defendido públicamente que los partidos deberían aplazarse o, como mínimo, reprogramarse. Preguntado por este análisis, el sindicato optó por no pronunciarse sobre la situación en este Mundial, que ya se proyecta como el más caluroso desde que el torneo se disputa cada cuatro años, desde 1930.

Qué significa realmente jugar a 28 ºC de bulbo húmedo

La temperatura de bulbo húmedo mide el estrés térmico real sobre el cuerpo. No solo es el aire caliente: suma temperatura, humedad y nubosidad para determinar hasta qué punto una persona puede enfriarse sudando. Cuando la combinación supera ciertos niveles, el sudor deja de evaporarse de forma efectiva. El cuerpo se recalienta rápido. Primero llega el mareo, luego el riesgo de golpe de calor. Y el desenlace puede ser fatal.

Para este análisis se utilizaron datos meteorológicos de agencias gubernamentales de Estados Unidos y Reino Unido, y las temperaturas de bulbo húmedo se calcularon con una fórmula que emplean autoridades de países como Australia y Canadá.

La respuesta de la FIFA ante un verano norteamericano abrasador ha sido mover algunos horarios hacia franjas más tardías y establecer pausas de hidratación obligatorias. Algunos de los 16 estadios del torneo cuentan con techo o sistemas de aire acondicionado que han amortiguado los picos de calor.

El ejemplo más claro llegó en Dallas. Inglaterra y Croacia se midieron allí en el partido con mayor bulbo húmedo registrado hasta ahora: cerca de 35 ºC en el exterior. El sistema de climatización del estadio logró rebajar la sensación térmica en el interior hasta unos 22 ºC, un escenario mucho más asumible para los futbolistas.

En total, seis de los primeros 24 partidos se han disputado en lugares donde el bulbo húmedo alcanzó los 28 ºC o los superó: Alemania–Curazao en Houston, Arabia Saudita–Uruguay en Miami, Portugal–RD Congo en Houston, Países Bajos–Japón en Dallas y el citado Inglaterra–Croacia, también en Dallas. El estadio de Houston, como el de Dallas, dispone de aire acondicionado.

Fuera del césped, la historia es distinta. Las temperaturas récord en varias sedes han dejado a aficionados deshidratados en zonas sin sombra y han encendido las alarmas sobre las condiciones para los trabajadores de los estadios, obligados a largas jornadas con equipamiento pesado bajo un sol implacable.

Avisos ignorados y un reglamento laxo

Las actuales directrices de la FIFA establecen que deben introducirse pausas de refrigerio si la temperatura supera los 32 ºC. En la práctica, en este Mundial ya se han visto descansos para beber con registros inferiores. El retraso o suspensión de un partido queda a criterio de los organizadores.

En la víspera del torneo, un grupo de especialistas en calor y salud pública envió una carta abierta a la FIFA pidiendo medidas más ambiciosas. Citaban precisamente el umbral de 28 ºC de bulbo húmedo defendido por Fifpro como referencia para considerar la cancelación de encuentros.

Robbie Parks, epidemiólogo ambiental de la Universidad de Columbia y firmante de esa carta, pone el foco en un detalle que suele pasar desapercibido: las mediciones. “Las temperaturas se toman a menudo en zonas de sombra y, si los jugadores están bajo el sol directo, la sensación puede ser de varios grados más que lo registrado”, advertía. Asegura que estar de pie al sol puede ser peligroso incluso con valores más modestos: por encima de 23–25 ºC, dice, ya se preocuparía por personas mayores expuestas más de unos minutos.

Parks reconoce que el aire acondicionado, los horarios más tardíos y las pausas de hidratación alivian la carga para los futbolistas. Pero ve un vacío evidente para quienes no pisan el césped: “La sombra es clave y la hidratación es clave”. Reclama permitir el acceso con botellas de agua propias y la instalación de sistemas de nebulización para enfriar por evaporación. Y mira ya a la final, programada en Nueva Jersey, en un estadio sin techo. “Me preocupa”, admite. Su esperanza es que, para entonces, la FIFA haya aprendido sobre la marcha cómo manejar el calor extremo en esta edición.

Un Mundial que también alimenta el calor que sufre

El contexto es incómodo para el propio torneo. El calor extremo es el fenómeno más letal asociado a la crisis climática, por encima de huracanes, inundaciones o incendios forestales. Y este Mundial no es neutro: se estima que la organización de más de 100 partidos generará unos 7,8 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, el doble que la edición anterior en Qatar, según cálculos de la plataforma de contabilidad de carbono Greenly.

Desde la FIFA insisten en que la salud y la seguridad de jugadores, árbitros, aficionados, voluntarios y personal son una prioridad. El organismo ha desplegado meteorólogos en las sedes para anticipar episodios de calor extremo y asegura que la planificación del torneo se realiza en “estrecha coordinación” con las ciudades anfitrionas, las autoridades de los estadios y los organismos nacionales.

Antes del inicio del campeonato, la FIFA aprobó un “modelo escalonado de mitigación” frente a las altas temperaturas, con diferentes medidas que se activan a partir de determinados umbrales. Para los jugadores, además de las pausas obligatorias de hidratación, hay acceso constante a agua y bebidas con electrolitos, hielo, toallas frías, ventiladores, sistemas de nebulización y zonas de sombra.

Para el público, cuando suben los termómetros, los estadios deben activar “capacidad adicional de refrigeración”: más áreas sombreadas, sistemas de niebla de agua, autobuses climatizados y un reparto ampliado de agua. También se ha introducido un protocolo médico específico para tratar golpes de calor, con la utilización de bolsas de enfriamiento por primera vez en un Mundial.

La FIFA afirma que seguirá monitorizando las condiciones en tiempo real, combinando el seguimiento de la temperatura de bulbo húmedo y los índices de calor, y que está preparada para aplicar protocolos de contingencia si se producen episodios extremos.

Mientras la fase de grupos avanza y el calendario aprieta, la sensación es clara: el torneo no solo se juega contra rivales y sistemas tácticos, también contra un clima cada vez más hostil. Y la gran incógnita es si el fútbol de élite está dispuesto a aceptar que, a partir de cierto punto, el calor no se negocia.

El impacto del calor extremo en el Mundial 2026