Liverpool en crisis: ¿Arne Slot el culpable?
En Boston y en Anfield, el ruido ya es imposible de ignorar. La cúpula de Liverpool sigue respaldando en público a Arne Slot, pero puertas adentro el tono ha cambiado: se avecinan semanas de conversaciones serias sobre el futuro del técnico neerlandés, en un club que se siente a la deriva tras una temporada sin título, sin identidad y con la defensa de la Premier League hecha añicos.
Una temporada que ha encendido todas las alarmas
El plan inicial era claro: Slot tendría luz verde para continuar y liderar la reconstrucción. Ese guion hoy tambalea. Resultados preocupantes, actuaciones planas y una sensación de proyecto estancado han abierto una grieta en la confianza interna. La pregunta ya no es si Liverpool está decepcionando, sino si Slot es el hombre indicado para arreglarlo.
El dato que más escuece en los despachos es contundente: 19 derrotas en todas las competiciones, la cifra conjunta más alta del club en lo que va de siglo. Si el equipo cae en el último partido del curso, igualará un registro que sólo se ha visto una vez desde 1962: las 20 derrotas del turbulento curso 1992/93. Para un club que se había acostumbrado a pelear por todo, el golpe es estructural.
Fenway Sports Group observa con creciente inquietud. No sólo por los marcadores, sino por el clima que rodea al vestuario y al proyecto. La sensación de desgaste es evidente cuando se habla con las altas esferas. El título se ha escapado muy pronto, el top 5 ya no es una certeza y la temporada se cierra sin un solo trofeo que exhibir.
El “granada” de Salah y un vestuario en ebullición
En medio de ese escenario, Mohamed Salah decidió romper el silencio. Sus declaraciones públicas sobre el rumbo del equipo y el nivel de las actuaciones han resonado con fuerza, especialmente en el grupo propietario estadounidense. Gary Neville las definió como “una granada”. No exageraba.
Su mensaje, además, no cayó en saco roto dentro del propio ecosistema red: 17 futbolistas de Liverpool, entre actuales y exjugadores, dieron “me gusta” a la publicación del egipcio. Un gesto mínimo en apariencia, pero muy revelador en un vestuario que parece compartir frustraciones.
Fuentes internas señalan que las palabras de Salah han provocado una reflexión profunda. En los despachos se entiende por qué el delantero decidió alzar la voz tras una campaña tan decepcionante, y hay incluso simpatía hacia su postura. Cuando la estrella del equipo verbaliza el malestar, el debate ya no puede maquillarse.
Michael Edwards y Richard Hughes, los hombres fuertes del área deportiva, viven pegados a este contexto. No intervienen en cada detalle del día a día, pero analizan constantemente escenarios, opciones y consecuencias. Y el nombre de Slot ya no se menciona sólo como pieza central del futuro, sino también como posible problema a resolver.
Xabi Alonso se escapa y crecen las dudas
La frustración no se limita al césped. El hecho de que Liverpool haya dejado escapar a Xabi Alonso, ya atado por Chelsea, ha encendido aún más el descontento entre una parte de la afición y dentro del propio club. El español era visto por muchos como el heredero ideal para un nuevo ciclo, y su marcha ha reabierto dudas sobre la planificación a largo plazo.
El periodista Graeme Bailey, con acceso a los pasillos de Anfield, lo resume con crudeza: Edwards y Hughes tienen “mucho que pensar y mucho de lo que hablar”. La situación con Slot “se está acelerando” y, según sus informaciones, no existe un consenso interno sólido que garantice la continuidad del técnico.
Liverpool no es un club que acostumbre a reaccionar con impulsos. Esa es la línea oficial. Pero incluso desde la propiedad se reconoce que el escenario se ha vuelto “muy preocupante”. Y de nuevo, Salah aparece en el centro del terremoto: sus comentarios “han golpeado con enorme fuerza” en las oficinas, hasta el punto de generar una ola de comprensión hacia su crítica.
Iraola, Hoeness, Nagelsmann… los nombres en la recámara
Mientras el club insiste públicamente en que Slot sigue siendo el entrenador y que no hay decisiones finales, la maquinaria ya trabaja en hipótesis. Si se confirma que hace falta un giro, las alternativas están sobre la mesa.
- Sebastian Hoeness se ha ganado un respeto enorme por su trabajo en Stuttgart. Su nombre circula con fuerza en las conversaciones internas.
- Julian Nagelsmann sigue siendo muy valorado por su perfil táctico y su experiencia al más alto nivel.
- Matthias Jaissle, otro técnico seguido de cerca, gusta por su enfoque estratégico y su capacidad para construir equipos reconocibles.
- Y luego está Andoni Iraola. Su nombre aparece una y otra vez. Gusta su fútbol agresivo, de alta intensidad, alineado con la identidad histórica de Liverpool. Conoce la Premier League y, sobre todo, cuenta con un vínculo clave: Richard Hughes fue fundamental en su llegada a Bournemouth y mantiene una enorme admiración por su trabajo. Si el banquillo de Anfield queda libre, el técnico vasco no estará muy lejos de la conversación.
Un verano decisivo y un juicio inaplazable
El club se aferra a su discurso oficial: Slot es el entrenador, la revisión llegará al final de la temporada y no se tomará ninguna decisión en caliente. Pero puertas adentro ya se asume que el análisis de este verano será uno de los más profundos y delicados que Liverpool haya afrontado en años.
La presión sobre el neerlandés no viene sólo desde la grada o desde Boston. También crece en los medios y entre exjugadores. Jermaine Pennant ha sido especialmente duro en sus valoraciones. Gary Neville y Jamie Carragher han ofrecido visiones distintas, con el primero defendiendo que Slot merece seguir. James Pearce, una voz influyente en el entorno del club, habla abiertamente de un proyecto que no despega y de un “clamor por destituir al técnico” que gana volumen semana tras semana.
El escudo de Liverpool pesa, y la paciencia no es infinita cuando la sensación es que el equipo retrocede. Anfield se prepara para un verano de decisiones grandes. La cuestión ya no es sólo quién se sienta en el banquillo la próxima temporada, sino qué tipo de Liverpool quiere volver a ser el club. Y cuánto tiempo está dispuesto a perder antes de encontrar la respuesta.





