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Cristiano Ronaldo: Reflexiones antes de su posible último Mundial

En la sala de prensa, antes de un Portugal–España de octavos de final que huele a despedida, Cristiano Ronaldo no esquivó nada. Ni la edad, ni las críticas, ni la sombra alargada de su propio mito.

“No soy el jugador que era antes”, soltó, sin anestesia, el capitán portugués, a 90 minutos de lo que podría ser su último partido en un Mundial. Tiene 41 años, siete meses de distancia de los 42, y vuelve a confirmar lo que ya venía repitiendo: este será su último torneo mundialista.

Un adiós anunciado, pero aún en disputa

El debate le persigue desde que arrancó el campeonato en Estados Unidos y Canadá. Tres goles, sí. Pero también fases largas de intrascendencia, partidos en los que su figura parece más peso histórico que motor competitivo.

La pregunta era inevitable: futuro, críticas, final de ciclo. Ronaldo respondió con la dureza de quien lleva dos décadas en el foco: “No me está yendo tan mal. Lleváis 23 años intentando matarme, pero ya habréis visto que no merece la pena, es una pérdida de tiempo, pero seguís y seguís y seguís y seguís y seguís”.

Y remató, marcando territorio: “Como dije antes, pararé cuando yo quiera, no cuando vosotros queráis. Siempre hacéis la misma pregunta. Este será mi último Mundial, pero esperemos que mañana no sea mi último partido”.

La escena no es nueva, pero sí el contexto. El líder absoluto de la Portugal campeona de Europa en 2016 ya camina hacia la salida. La camiseta con el 7 sigue siendo un tótem, pero el tiempo no negocia con nadie, ni siquiera con el máximo goleador de la historia del fútbol de selecciones, con 146 tantos.

Antes del duelo de dieciseisavos ante Croacia, en Toronto, su propia hermana lo definió como su “último baile”. Y durante 53 minutos pareció que ese baile terminaba en silencio.

Un penalti, un cambio y un relevo en marcha

Gol de Ivan Perisic. Minuto 53. El marcador se inclina hacia Croacia y el mundo mira al banquillo portugués. Es el partido 232 de Cristiano con la selección. Podía ser el último.

Ronaldo agarra el balón, no tiembla desde los once metros y empata. Es su primer gol en una fase eliminatoria de un Mundial. Un dato que sorprende para una carrera que ha pulverizado casi todas las marcas.

Y entonces, Roberto Martínez toma la decisión más incómoda de todas: lo saca del campo.

La cara de Cristiano al abandonar el césped lo dice todo. Gestos serios, mirada perdida. No hay abrazo efusivo. Pero el plan del seleccionador funciona. Entra Gonçalo Ramos, el delantero al que muchos ven como heredero natural, y firma el gol que mete a Portugal en octavos en un final caótico.

Desde ese momento, la pregunta se instala sin pudor: ¿debe seguir siendo titular Ronaldo ante España, en Texas? ¿O ha llegado la hora de premiar a Ramos con un puesto en el once?

En la rueda de prensa, el capitán se marchó entre aplausos. Antes dejó un mensaje que suena a manifiesto personal: “No voy a ser más Cristiano Ronaldo o menos porque gane el Mundial. Incluso doy las gracias por los ataques que siento desde que cumplí 40… la crítica es como creces, así que gracias por hacer esto. Pase lo que pase mañana, Cristiano Ronaldo se irá con la conciencia tranquila, no al 100%, sino al 1.000%, porque en la vida y en el fútbol lo di todo”.

El mito que cambió la mentalidad de un país

Ronaldo ha reescrito la historia del fútbol portugués. No solo por los goles. Cambió la mentalidad de una selección que pasó de soñar con competir a exigirse ganar.

Ha marcado en los seis Mundiales que ha disputado. De la pena máxima ante Irán en 2006 al tanto contra Corea del Norte en 2010. Del gol a Ghana en 2014 al hat-trick inolvidable contra España en Sochi en 2018, seguido del tanto decisivo ante Marruecos en Moscú. En Qatar 2022 volvió a marcarle a Ghana desde el punto de penalti. En este torneo ya suma tres: dos en el 5-0 a Uzbekistán en Houston, el 23 de junio, y el penalti ante Croacia.

Sin embargo, la figura intocable de otras ediciones ya no lo es tanto. La voz de Antonio Simões, integrante del Portugal que fue tercero en el Mundial de 1966, resonó con dureza: “Él no juega para ganar, juega para ser la figura principal. ¿Entiendes que es lo contrario de Eusebio? Llamemos a las cosas por su nombre. No tengo nada contra él. Sigo viendo, sigo oyendo y sigo pensando. Pero no puedo huir de la realidad de los hechos”.

Números que alimentan el debate

Ronaldo es el máximo goleador de Portugal en este Mundial, pero sus estadísticas cuentan otra historia. Ha intentado 15 disparos, casi el doble que cualquier compañero, y aún no ha creado una sola ocasión de gol para otro jugador. Es el futbolista con más tiros sin generar ni una oportunidad en todo el torneo.

En tres de los cuatro partidos de Portugal, ha tenido menos de 25 toques de balón —uno de ellos saliendo desde el banquillo—, sus cifras más bajas de participación en cualquier Mundial. Promedia el menor número de toques por encuentro de toda su carrera en la competición.

Ante Croacia, su único toque dentro del área rival fue el del penalti que transformó.

Sus registros físicos también marcan el paso del tiempo: apenas 4,4 desmarques al espacio por partido, muy por debajo de los últimos dos Mundiales, donde actuaba en un rol similar como nueve de referencia.

Y, sin embargo, el seleccionador lo sostiene. “Su liderazgo y ese trabajo en el último tercio siguen siendo de los mejores del mundo”, defendió Martínez al ser preguntado por qué mantiene al 7 en el once.

Desde que el técnico español tomó el mando en 2023, tras su etapa con Bélgica, Ronaldo ha jugado en 36 de los 44 partidos de Portugal. Las ausencias se explican casi siempre por lesiones o sanciones.

Hay otro dato que alimenta la controversia: las dos mayores goleadas de este ciclo llegaron sin él. Un 9-0 a Luxemburgo en Faro, en septiembre de 2023. Y un 9-1 a Armenia en Oporto, en noviembre. Cada vez que ocurre, el mismo debate reaparece: ¿juega mejor Portugal sin su capitán?

Entre la devoción y la duda

La respuesta de la grada es clara. Para muchos, la deuda con Ronaldo es impagable. “Siento que él debería decidir si quiere seguir o no”, decía Angelo, aficionado portugués, antes del choque con Croacia. “Lo que ha hecho por Portugal como nación, él debería dictarlo al 100%”.

No es una opinión aislada. Veintitrés años después de su debut con la absoluta, el fenómeno sigue intacto. En Toronto, era más fácil ver una camiseta de Portugal con su nombre que sin él. En las horas previas al duelo ante Croacia, los aficionados llegaron a cortar brevemente una de las principales autopistas de la ciudad solo para intentar verlo de cerca.

Hasta quien no sigue el fútbol sabe que está en la ciudad. “La televisión y la radio locales llevan días locas con él. Debe de ser especial”, reconocía un taxista que lo único que comparte con el fútbol es el tráfico que le genera.

Una aficionada local confesó haberse gastado un mes entero de sueldo en una entrada para poder ver “a uno de los grandes” en un Mundial. Los seguidores portugueses, orgullosos, lo explican con una frase que se repite: “Nos puso en el mapa”.

“En el escenario mundial no teníamos a nadie después de Eusebio”, contaba João. “Llegó Ronaldo y nos hizo soñar”.

Lucília iba más allá: “La gente habla de Portugal por él. No se olvida de dónde viene, se acuerda de la gente. Le quiero. Ronaldo significa más para Portugal que cualquier político”.

Diana, otra hincha, ya se prepara para el golpe definitivo: el anuncio de la retirada internacional. “Claro que voy a estar triste. El mundo entero va a estar triste, porque no importa a quién animes. Ronaldo ha tenido una carrera maravillosa y ha sido un jugador ejemplar. Yo le diría: ‘Muy bien, Cristiano. Disfruta de tu retirada. Te la mereces después de entretener al mundo’”.

España, Texas y una última gran decisión

Ahora, todo converge en Texas. Un Portugal–España que se juega a vida o muerte y un seleccionador ante el dilema que define una era: ¿mantener al icono o apostar por el relevo?

¿Seguirá en el once el hombre que transformó una selección y un país, aunque sus piernas ya no respondan como antes? ¿O será el momento en que Roberto Martínez trace la línea definitiva entre el mito y el presente?

Cristiano ya ha dejado claro que, pase lo que pase, se irá “con la conciencia al 1.000% tranquila”. El resto, lo dictará el césped. Y quizá, en 90 minutos, el fútbol cierre uno de los capítulos más largos y ruidosos de su historia reciente.