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Cuartos de final del Mundial: partidos imperdibles

La versión ampliada del Mundial ya ha entregado partidos memorables. Ahora, con los cuartos de final en el horizonte, el torneo entra en una zona donde cada error pesa como una eliminación y cada destello de talento puede cambiar la historia de un país.

Ocho selecciones, cuatro partidos, un mismo objetivo: ponerse a un solo paso de la final.

Francia – Marruecos, Atlanta Stadium, jueves 21:00 BST

La campeona de África contra la eterna aspirante. El relato suena familiar, pero el guion es muy distinto al de Qatar.

Marruecos ya no es el invitado exótico que rompe quinielas. Llega a Estados Unidos con el peso y la confianza de quien ha levantado la Copa África de Naciones —a la espera de la apelación de Senegal tras aquella final polémica de enero— y con un bloque renovado. Solo cuatro futbolistas que cayeron en semifinales ante Francia hace cuatro años repitieron en el once que eliminó a Canadá el sábado. El resto es músculo nuevo: un equipo que juega con dinamismo, que se suelta con descaro y que no se conforma con haber llegado hasta aquí.

Francia, finalista en 2022, también ha cambiado de piel. De aquel once de la semifinal ante Marruecos solo tres titulares arrancaron en la victoria frente a Paraguay. Didier Deschamps ha refrescado la estructura sin perder colmillo. William Saliba se ha consolidado como el central que manda y corrige, mientras Michael Olise aporta chispa y pausa en la creación, una figura capaz de romper líneas con un pase o una conducción.

Y, por encima de todos, Kylian Mbappé. Sigue siendo el foco, el hombre que juega con el marcador y con la historia. Persigue el Botín de Oro y, al mismo tiempo, el título de máximo goleador de todos los tiempos en los Mundiales, con Lionel Messi como referencia inmediata y rival simbólico.

Los datos dibujan un choque cargado de matices. La mitad de las derrotas de Francia en Mundiales en este siglo se las han infligido selecciones africanas: tres de seis. Un patrón que los galos no pueden ignorar. Al otro lado, Marruecos encadena 34 partidos sin perder, una racha monumental, pero nunca ha logrado vencer a Francia. El balance es demoledor: siete triunfos seguidos para los de Deschamps y 11 victorias en sus últimos 12 encuentros.

Una selección que no pierde contra una que no sabe perder. Algo tiene que romperse.

España – Bélgica, Los Angeles Stadium, viernes 20:00 BST

Si hay un partido que promete intercambios de golpes, es este. Bélgica llega con pólvora encendida: 13 goles en el torneo, solo por detrás de Argentina y Francia, ambas con 14. En sus tres últimos partidos —ante New Zealand, Senegal y USA— se ha soltado el freno y ha mostrado todo su arsenal ofensivo.

Romelu Lukaku ya no es el delantero estilizado de otras épocas, pero mantiene intacto el instinto. Tres goles saliendo desde el banquillo, uno cada 67 minutos. En un torneo corto, esa eficacia vale oro. A su alrededor, Leandro Trossard se ha movido entre líneas con la inteligencia de un veterano: dos goles, dos asistencias, y la sensación constante de peligro cada vez que toca la pelota.

El problema para Bélgica es que ahora aparece un muro. España no ha encajado un solo gol en este Mundial. Seis partidos seguidos con la portería a cero —contando su último encuentro en la fase final de 2022—, la mejor racha defensiva de cualquier selección en la historia de la competición. No es solo una estadística: el dato de goles esperados en contra lo confirma. Apenas 0,3 por partido, el registro más bajo desde que existen estas mediciones.

Luis de la Fuente ha encontrado una fórmula fiable en las noches grandes. Bajo su mando, España ha superado las seis eliminatorias directas que ha afrontado entre Mundiales y Eurocopas. No es un detalle menor: esta es su primera presencia en cuartos de final desde aquel título en Sudáfrica 2010. Ha costado volver a este escenario.

La historia también se inclina del lado español. Once enfrentamientos sin derrota ante Bélgica: nueve victorias, dos empates. Para los belgas, la esperanza se agarra a un recuerdo lejano pero poderoso: México 86. Entonces, en cuartos, eliminaron a España en los penaltis. Cuarenta años después, intentan que la historia vuelva a abrirles una puerta que parecía cerrada.

Noruega – Inglaterra, Miami Stadium, sábado 22:00 BST

Un duelo de goleadores, de esos que marcan épocas. Erling Haaland llega como una máquina desatada: siete goles en cuatro partidos en este Mundial. Ante Brasil, en octavos, firmó un doblete clínico para sacar del torneo a la pentacampeona y confirmó que el escenario no le pesa, lo agranda.

Sus números con Noruega asustan. 62 goles en 54 partidos internacionales, uno cada 71 minutos. Y una racha que parece de videojuego: 14 encuentros consecutivos marcando con su selección, 27 tantos en esa secuencia. Cada balón que cae en el área parece una amenaza.

Al otro lado, Harry Kane. Un gol menos en la carrera por el Botín de Oro, pero con la misma determinación. Su penalti ante México decidió un clásico mundialista y mantuvo a Inglaterra en la pelea. A sus 32 años, el delantero de Bayern Munich viene de firmar 73 goles entre club y selección en la temporada 2025-26, más que ningún otro jugador en el fútbol europeo. Ha trasladado esa voracidad a Norteamérica.

En los Mundiales, ya es historia pura para Inglaterra: 14 goles, máximo anotador de su país en la competición. Y con Noruega delante, sabe que la ocasión de ampliar la marca es real.

El contexto colectivo añade tensión. Inglaterra disputará su undécimo cuarto de final mundialista, solo por detrás de Brasil y Alemania, ambas con 14. Pero el dato es engañoso: en esta ronda solo ha ganado tres veces. Un gigante acostumbrado a llegar, pero no siempre a romper el techo.

Noruega vive lo contrario. Apenas cuatro participaciones en Mundiales y, por primera vez, en cuartos de final de un gran torneo. Ha llegado a base de riesgo: ha marcado y encajado en todos sus partidos. Solo la Alemania Federal de 1954 alcanzó unas semifinales con un patrón similar. Noruega intenta repetir esa hazaña a su manera, sin red de seguridad.

Dos arietes que no saben jugar a medio gas, una selección con historia y otra que la está escribiendo a golpes. No hace falta mucho más para encender Miami.

Argentina – Suiza, Kansas City Stadium, domingo 02:00 BST

El campeón avanza, pero a trompicones. Argentina afronta su tercer partido consecutivo de eliminatorias partiendo como claro favorito. Sobre el papel. Sobre el césped, la historia ha sido mucho más áspera.

Cape Verde llevó al límite a la albiceleste en dieciseisavos, forzando una prórroga inesperada. En la siguiente ronda, Egipto rozó la gesta… hasta que Argentina firmó la remontada más tardía en la historia de los Mundiales. Los egipcios se marcharon del torneo entre acusaciones de “injusticia” y una sensación de agravio que todavía resuena.

Ahora aparece Suiza, un equipo que se ha especializado en incomodar a cualquiera. Con Murat Yakin en el banquillo, la selección helvética se ha vuelto correosa, difícil de romper, pero también capaz de encontrar momentos de brillantez. La gran irrupción es Johan Manzambi, un talento de 20 años que ha encendido a la grada con su descaro. Se perdió por lesión la tanda de penaltis ante Colombia, pero su impacto en el torneo ya es evidente.

Suiza no pisaba unos cuartos de final de Mundial desde 1954. No es un invitado habitual en estas alturas, pero tampoco parece intimidado por una Argentina veterana, que alterna ráfagas de genialidad con tramos de sufrimiento.

En el centro del escenario, de nuevo, Lionel Messi. Sus cifras siguen derribando registros, aunque el último dato no es precisamente amable: se ha convertido en el primer jugador en fallar dos penaltis en la historia de los Mundiales. Una mancha estadística que no borra lo esencial: su gol posterior le permitió superar a Mbappé en la carrera por el Botín de Oro y situarse en ocho tantos en este torneo.

Argentina juega con el tiempo, con la memoria y con el desgaste. Suiza, con la frescura del que no tiene nada que perder y mucho que ganar.

El Mundial entra en su tramo decisivo. Cuatro partidos, cuatro historias distintas, una misma pregunta latente: quién será capaz de sostener la presión cuando el siguiente paso ya no es solo una semifinal, sino la antesala de la eternidad.

Cuartos de final del Mundial: partidos imperdibles