Logotipo completo Cancha Directa

Egipto gana su primera batalla mundialista en Dallas

Egipto no solo sobrevivió a un partido de nervios. Ganó una batalla de carácter, de fe y de memoria colectiva. En Dallas Stadium, en un round de 32 espeso, tenso, casi asfixiante, la selección egipcia derribó a Australia en los penaltis (4-2) tras un 1-1 que se estiró hasta la prórroga. El triunfo, el primero de su historia en una fase eliminatoria de un Mundial, terminó dedicado a otro lugar, a otra grada invisible: Palestina.

Hossam Hassan, seleccionador y figura central de una noche histórica, no quiso que el relato se quedara solo en el césped. Nada más sellar la clasificación, tomó las banderas de Egipto y Palestina, entró con ellas al campo y, junto a sus jugadores, se inclinó hasta el suelo en señal de prosternación. Era fútbol, pero también era un mensaje.

“Que Dios les conceda la victoria, que Dios tenga misericordia de sus mártires”, dijo ante los micrófonos, con la adrenalina del pase todavía en la voz. “Les digo: dedico esta victoria al pueblo egipcio y al pueblo palestino, esa gente amable y honorable”.

Un partido de filo fino

El encuentro no tuvo nada de paseo. Tuvo filo. Tuvo errores. Tuvo ese miedo a fallar que suele encoger piernas en una ronda de eliminación directa.

Egipto golpeó primero. Minuto 13: centro medido, carrera al espacio y Emam Ashour, entrando con decisión, cabeceó el 1-0. Un remate limpio, de manual, que pareció abrir un guion cómodo para los Faraones. Pareció.

Australia no se descompuso. Subió metros, ganó duelos, obligó a Egipto a retroceder cada vez más cerca de su área. La recompensa llegó en la segunda parte, pero de la forma más cruel para los africanos: un autogol de Mohamed Hany a los 10 minutos de la reanudación devolvió el equilibrio al marcador y sembró dudas.

Desde ahí, el partido se convirtió en una pulseada de nervios. Los dos equipos midiendo cada pase, evitando el error grueso, esperando una chispa que nunca llegó ni en el tiempo reglamentario ni en la prórroga. El miedo a perder fue más fuerte que el deseo de ganar.

Los penaltis que cambiaron una historia

En la tanda, la presión cambió de camiseta. Egipto, con décadas de frustraciones mundialistas a la espalda, se plantó en el punto de penalti con una serenidad inesperada. Australia, que había logrado igualar y estirar el partido, se encontró de repente mirando al abismo.

Harry Souttar falló. Lucas Herrington también. Dos errores que pesaron como plomo. Al otro lado, Hossam Abdelmaguid no titubeó: carrera corta, golpeo seco, balón a la red. El 4-2 definitivo. El grito de un país entero.

Con ese disparo, Egipto selló su pase a octavos de final, donde le espera Argentina o Cabo Verde. Pero, sobre todo, rompió una barrera psicológica: su primera victoria en un partido de eliminación directa en un Mundial, en su primera participación en esta fase.

La alegría bajo las ruinas

Mientras los jugadores celebraban sobre el césped de Dallas, las imágenes que circulaban en redes sociales contaban otra escena, a miles de kilómetros. Entre edificios bombardeados y tiendas improvisadas, en la Franja de Gaza, grupos de aficionados se reunían frente a pantallas y proyectores para seguir el partido.

“Por primera vez, sigo el Mundial con tanta emoción”, escribió en X el aficionado gazatí Tamer Nahed. “Me alegré mucho al ver ganar a Egipto hace un rato, pero la escena más hermosa fue aquí… miles de personas salieron de sus tiendas y de entre sus casas destruidas para ver el partido”.

Su descripción dibuja una estampa que trasciende cualquier marcador: “Las caras se iluminaron con sonrisas, los vítores llenaron el aire, y fue como si todos hubieran decidido darse un momento de vida a pesar de todo lo que les rodea”.

En los vídeos, niños con banderas de Egipto pintadas en la cara, jóvenes levantando telas rojiblancas en medio de los escombros, familias apretadas en sillas de plástico frente a una pantalla temblorosa. Fútbol como refugio, como paréntesis mínimo en medio del desastre.

Un incidente antes de la hazaña

La jornada no había empezado en calma para la delegación egipcia. Horas antes del partido, un incidente con la policía local en el hotel de concentración se hizo viral en redes sociales.

Según la selección de Egipto, un agente del Departamento de Policía de Dallas empujó al director del equipo, Ibrahim Hassan, y al jugador Trezeguet cuando ambos intentaban tomarse una foto con un aficionado en el hotel. La situación generó tensión, se difundieron imágenes y comentarios, y el tema corrió como la pólvora en internet.

El propio Departamento de Policía de Dallas informó después de que el asunto se había resuelto en el lugar de los hechos. Sin sanciones, sin mayores consecuencias. El ruido se apagó. El fútbol, otra vez, tomó el control.

Lo que viene

Egipto ya sabe que lo que le espera no será sencillo. Argentina, potencia histórica, o la sorprendente Cabo Verde marcan el siguiente capítulo de un Mundial que ya es inolvidable para los Faraones. Pase lo que pase en octavos, nadie les quitará la noche de Dallas.

La noche en que un penalti de Hossam Abdelmaguid cambió la historia de un país. La noche en que Hossam Hassan levantó dos banderas y una de ellas viajó, al menos por un rato, sobre las ruinas de Gaza.