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Mauricio Pochettino y la selección de Estados Unidos en el Mundial

Mauricio Pochettino ha convertido lo poco convencional en rutina desde que tomó las riendas de la selección hace 18 meses. Ha jugado con sistemas, ha roto jerarquías en el vestuario y ha puesto a sus futbolistas frente al espejo con una pregunta simple y directa: ¿por qué no soñar con llegar muy lejos en este Mundial?

En Santa Clara, esa rebeldía rozó el límite. Un gol de Kaan Ayhan en el descuento le dio a Turquía un 3-2 agónico y cortó de golpe el arranque invicto de Estados Unidos.

Rotación masiva y un golpe al final

Con el pase a octavos ya asegurado, Pochettino decidió ir a fondo con su idea: vació el banquillo. Nueve cambios en el once para el cierre del grupo ante Turquía, 21 titulares distintos en la primera fase. Una apuesta fuerte, casi temeraria, que esta vez no salió.

Turquía, ya eliminada y herida por sus dos derrotas iniciales en su regreso a un Mundial desde 2002, se agarró a ese partido como a una tabla de salvación. Jugó al límite, dura, incómoda, y se llevó su única victoria del torneo en la última acción, en su último toque en esta Copa del Mundo.

La gran incógnita ahora no está en la clasificación, asegurada con un 2-1-0 en el grupo, sino en el intangible: ¿habrá perdido impulso este equipo que había arrollado a Paraguay y Australia? La respuesta llegará el miércoles, cuando Estados Unidos se mida en Santa Clara a Bosnia y Herzegovina, tercera del Grupo B, en su primer duelo a vida o muerte.

Pochettino, al menos de puertas afuera, no duda.

«El objetivo era terminar primeros y somos primeros», recordó. «Ahora viene la siguiente fase y va a ser una final. Y estamos listos. Estamos mucho mejor que antes de este partido porque ahora tenemos jugadores con 90 minutos en las piernas, rindiendo y listos para ayudar desde el inicio o desde el banquillo. Es todo positivo. Y yo soy muy positivo y estoy feliz».

Un inicio fulgurante… y una respuesta turca inmediata

Durante unos minutos, el plan del técnico argentino pareció otra vez brillante. Sorpresa en el once: Auston Trusty. Y sorpresa en el marcador: gol a los tres minutos.

El tanto nació en la esquina. Sebastian Berhalter, también en su primera titularidad mundialista, colgó un córner largo con la diestra que cruzó todo el área. Trusty la bajó con calma con su primer toque y, con la zurda, soltó un disparo seco desde el borde del área pequeña que se coló entre Ugurcan Cakir y el primer palo. Segundo gol más rápido de Estados Unidos en la historia de los Mundiales. Una declaración de intenciones.

Pero la ventaja se esfumó enseguida. En el minuto 10, Arda Guler, el talento de Real Madrid, se escapó de la marca de Mark McKenzie, atacó el espacio del punto de penalti y, tras recibir el pase filtrado de Kenan Yildiz, levantó un zurdazo por encima de Matt Turner. Primer disparo que veía el meta en todo el torneo. Primer gol encajado. Primera vez que esta selección perdía una ventaja en el Mundial.

El golpe no quedó ahí. En el 31, Orkun Kokcu apareció en el corazón del área. Eren Elmali puso un centro tenso desde la izquierda y el mediocampista, libre en el borde del área chica, desvió la pelota a la red. Segundo tiro a puerta de Turquía, segundo gol. Y por primera vez, Estados Unidos se veía por detrás en el marcador en esta Copa del Mundo.

Berhalter se estrena y Pulisic enciende la banda

El equipo no se descompuso. Y la pelota parada volvió a rescatarlo. Nada más arrancar la segunda parte, a los cuatro minutos, un balón suelto cayó a la frontal del área. Allí estaba Berhalter, omnipresente, con metros por delante. No se puso nervioso.

«La pelota simplemente salió rebotada y sabía que si me mantenía calmado y hacía el gesto de golpeo, tenía una oportunidad», explicó. «Practicas esas muchas veces y ver que entra es increíble».

Su derechazo, raso y ajustado al palo, devolvió el empate y confirmó su gran noche: gol y asistencia en su primera titularidad mundialista.

Diez minutos después, Pochettino levantó del banquillo a Christian Pulisic, que arrastraba molestias en la pantorrilla izquierda y no jugaba desde la primera parte del debut. Su entrada cambió el tono. El capitán atacó sin piedad el carril zurdo y, en pocos minutos, generó tres ocasiones claras. La sensación era que el partido se inclinaba de nuevo hacia el lado estadounidense.

No hubo premio. Y esa falta de pegada terminó saliendo carísima.

El mazazo de Ayhan y una lección para los cruces

Cuando el partido pedía oficio para cerrar el punto, llegó el castigo. En el tiempo añadido, un balón dividido en el área pequeña se convirtió en un barullo. Kaan Ayhan, rodeado por tres defensores estadounidenses, fue el más rápido en el caos. Metió el pie en el momento justo y empujó el 3-2. Gol, pitido final y una celebración turca con sabor a desahogo.

Brenden Aaronson se quedó con la herida… y con el combustible que puede generar.

«Siempre puedes usar estas cosas como gasolina, tener ese momento al final donde ellos marcan», admitió. «Es duro. Queríamos irnos de la fase de grupos sin derrotas. Pero fue una fase de grupos fantástica. No hay preocupación en absoluto. Vamos a pasar página y estar listos para Bosnia».

Más allá del resultado, el cuerpo técnico se marcha con algo que perseguía desde el primer día: un grupo largo, activado, con minutos reales en el Mundial. Las cifras hablan: Pochettino firmó la mayor rotación de un seleccionador estadounidense entre dos partidos consecutivos de Copa del Mundo. Y cuando Alejandro Zendejas saltó al campo en el 76, se convirtió en el jugador número 23 en participar en el torneo, otro registro para la historia de la selección.

Berhalter lo ve como una inversión a corto plazo.

«Sabemos que todos están listos para dar un paso adelante en cualquier momento», subrayó. «Creo que se vio hoy. Dejamos escapar algunos momentos, pero pensé que el rendimiento general fue bueno. Es el sueño de cualquier niño en Estados Unidos jugar un Mundial en casa, y un Mundial en general. Hoy hubo debuts, así que felicitaciones a todos. Es para lo que todos trabajan».

Turquía, ya sin nada que perder, encontró en ese contexto el escenario ideal para vaciar su frustración: partido áspero, duelos al límite, orgullo herido. Estados Unidos, con la vista puesta en los cruces, pagó caro cada desconexión.

Ahora el margen se reduce a cero. No habrá rotaciones masivas ni experimentos cuando la pelota ruede de nuevo en Santa Clara. Llega Bosnia y Herzegovina, llega el primer partido de eliminación directa. Y llega el momento de comprobar si esta derrota fue un tropiezo aislado… o el aviso que este equipo necesitaba antes de entrar en la parte más cruel del Mundial.

Mauricio Pochettino y la selección de Estados Unidos en el Mundial